capítulo 21 – el Amor
el tema más presente en la escritura y en el arte es el amor
nos constituye
nos engendra
nos hace escribir y a la vez no saber qué decir
poemas, canciones, novelas
toda clase de creaciones
por momentos uno podría reflexionar si acaso no es el único tema
este año hemos reflexionado bastante acerca de los porqué y para qué y
para quién escribimos
preguntas que atraviesan la
escritura de cada cual de manera absolutamente singular
esta vez vamos a jugar un poco con el afecto, y los múltiples sentidos:
el amor como afecto
lo que nos afecta
como afecta a alguien un texto de amor
un largo texto que se escribe y se borra y se re escribe en poemas,
cuentos, cartas, novelas, ensayos, y muchos etc.
también de paso para relacionar el arte con la sensibilidad
el rescate de la sensibilidad ante la razón práctica. utilitaria,
repetitiva y superficial
la sensibilidad en la que se juega el cuerpo, sentimientos y emociones,
la parte irracional pero profunda del ser
y nada más y nada menos que la relación con la propia soledad y con los
otros
Roland Barthes escribió un libro hermoso en el que precisamente enfrenta
el problema:
“Querer escribir el amor es
afrontar el embrollo del lenguaje: esa región de
enloquecimiento donde el lenguaje es a la vez demasiado y demasiado
poco, excesivo (por la expansión ilimitada del yo, por la sumersión
emotiva) y pobre (por los códigos sobre los que el amor lo doblega y lo
aplana). Ante la muerte de su hijo-niño, para escribir (no serían más que
jirones de escritura), Mallarmé se somete a la división parental:
Madre, llora
Yo, pienso
Pero la relación amorosa ha
hecho de mí un sujeto atópico, indiviso: soy mi propio niño: soy a la vez padre
y madre (de mí, del otro): ¿cómo podría dividir el trabajo?
5. Saber que no se escribe para
el otro, saber que esas cosas que voy a escribir no me harán jamás amar por
quien amo, saber que la escritura no compensa nada, no sublima nada, que es
precisamente ahí donde no estás: tal es el comienzo de la
escritura.”
En otro fragmento:
¿Qué pienso del amor? —En
resumen, no pienso nada. Querría saber lo que es, pero estando dentro lo veo en
existencia, no en esencia. Aquello de donde yo quiero conocer (el amor) es la
materia misma que uso para hablar (el discurso amoroso). Ciertamente se me
permite la reflexión, pero como esta reflexión es inmediatamente retomada en la
repetición de las imágenes no deriva jamás en reflexividad: excluido de la
lógica (que supone lenguajes exteriores unos a otros), no puedo pretender
pensar bien. Igualmente discurriré bellamente sobre el amor a lo largo del año,
pero no podré atrapar el concepto más que «por la cola»: por destellos,
fórmulas, hallazgos de expresión, dispersados a través del gran torrente de lo
Imaginario; estoy en el mal lugar del amor, que es su lugar deslumbrante: «El
lugar más sombrío —dice un proverbio chino— está siempre bajo la lámpara».
Claro que en este capítulo nos
referimos al amor erótico, al amor de enamoramiento, de pareja. Está ese otro
amor tan extenso: los hijos, las amistades, una vocación, un lugar propio. Que
también tiene otras escrituras tan extensas.
Los y las poetas de todos los
tiempos en sus versos han intentado DEFINIR el amor. Y yo creo que la poesía es
el código que más se le acerca
También tienen definiciones del
amor:
la filosofía
la psicología
las neurociencias
la biología
la religión
No
obstante, es en la poesía donde la lógica del amor puede existir: llena de
contrarios, de absurdos, de irracionalidades y al mismo tiempo con un profundo
sentido.
Por ejemplo uno de los libros
para mi más valiosos acerca del amor es La llama, de Octavio Paz, poeta
mexicano:
“El amor está compuesto de contrarios pero que no pueden separarse y que viven sin cesar en lucha y reunión con ellos mismos y con los otros. Estos contrarios, como si fuesen los planetas del extraño sistema solar de las pasiones, giran en torno a un sol único. Este sol también es doble: la pareja. Continua transmutación de cada elemento: la libertad escoge servidumbre, la fatalidad se transforma en elección voluntaria, el alma es cuerpo y el cuerpo es alma. Amamos a un ser mortal como si fuese inmortal. Lope lo dijo mejor: a lo que es temporal llamamos eterno. Sí, somos mortales, somos hijos del tiempo y nadie se salva de la muerte. No sólo sabemos que vamos a morir sino que la persona que amamos también morirá. Somos juguetes del tiempo y sus accidentes: la enfermedad y la vejez, que desfiguran al cuerpo y extravían al alma. Pero el amor es una de las respuestas que el hombre ha inventado para mirar de frente a la muerte. Por el amor le robamos al tiempo que nos mata unas cuantas horas que transformamos a veces en paraíso y otras en infierno. De ambas maneras el tiempo se distiende y deja de ser una medida”, dice Paz en La llama doble
y esos contrarios los
encontramos en este soneto ya antiguo y genial de otro poeta:
Es hielo abrasador, es fuego
helado…
Francisco de Quevedo
Es hielo abrasador, es fuego
helado,
es herida que duele y no se
siente,
es un soñado bien, un mal
presente,
es un breve descanso muy
cansado.
Es un descuido que nos da
cuidado,
un cobarde con nombre de
valiente,
un andar solitario entre la
gente,
un amar solamente ser amado.
Es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero
paroxismo;
enfermedad que crece si es
curada.
Este es el niño Amor, este es su
abismo.
¿Mirad cuál amistad tendrá con
nada
el que en todo es contrario de
sí mismo!
se atribuye la condición de
poema de amor más antiguo de lo que se conoce a una escritura de hace unos
cuatro mil años, en Sumeria, cuya traducción seguramente arbitraria es esta:
"Novio, amado de mi
corazón,
Grande es tu hermosura, dulce como la miel,
León, amado de mi corazón,
Grande es tu hermosura, dulce como la miel.
Me has cautivado, déjame
presentarme temblorosa ante ti.
Novio, dejaría que me llevaras a la alcoba,
Me has cautivado, déjame presentarme temblorosa ante ti,
León, dejaría que me llevaras a la alcoba.
Novio, déjame acariciarte,
Mi delicada caricia es más suave que la miel,
En la alcoba llena de miel,
Déjame disfrutar de tu gran hermosura,
León, déjame acariciarte,
Mi delicada caricia es más suave que la miel.
Novio, has obtenido placer de
mí,
Díselo a mi madre, ella te dará manjares,
Y mi padre te colmará de regalos.
Tu espíritu, sé cómo alegrar tu
espíritu,
Novio, duerme en nuestra casa hasta el amanecer.
Tu corazón, sé cómo hacer que se regocije tu corazón,
León, duerme en nuestra casa hasta el amanecer.
Tú, porque me amas, Te ruego que
me des tus caricias,
Mi señor dios, mi señor protector,
Mi Shu-Sin, que alegra el corazón de Enlil,
Te ruego que me des tus caricias.
Sobre tu sitio, dulce como la miel, te ruego que pongas tu mano,
Pon tu mano encima de él como sobre una prenda gishban,
Cúbrelo como a una prenda gishban-sikin".
nos muestra la escritura de amor
como un pedido, pero a la vez como una promesa bellísima:
sé como hacer que se
regocije tu corazón
una promesa que puede ser
erótica, espiritual o sentimental o todo un poco mezclado
La frase de
Lacan: “Amar es dar lo que no se tiene, a quien no es” y la mezcla de pobreza y
riqueza en el mito filosófico
libro “El banquete”, de
Platón, en donde se le da voz a Sócrates que nos recomienda preguntarle a la
vieja y sabia Diotima quien le da a Sócrates una genealogía del amor diciendo
que es el hijo de la Circunstancia y la Necesidad. El Olimpo
está de fiesta. Los inmortales celebran regocijadamente el nacimiento de
Afrodita (Venus), la bella diosa del amor. En las copas de oro corre abundante
el néctar, para estimular la expansión de la despreocupada alegría. Los dioses
ríen.
Terminado el festín, surge una figura andrajosa y escuálida, Penia, la Miseria
o Indigencia, viene a mendigar los restos del banquete. Pero, antes de iniciar
movimiento alguno en dirección a la mesa, vislumbra la figura de Poros, el
Recurso, dios de la Abundancia, hijo de la Prudencia (Previsión).
Lo ve de lejos cuando, embriagado por el exceso de néctar, se aleja de los
inmortales y penetra en el jardín de Zeus (Júpiter). Allí el joven se acuesta y
pronto cae en pesado sueño.
Indigencia, que está siempre a la búsqueda de medios o recursos para poder
sobrevivir, toma en ese instante una resolución: tener un hijo de Poros. Y con
esa intención se dirige también al jardín. Silenciosamente, se acuesta junto al
Recurso. Lo abraza, lo despierta. Y concibe el hijo deseado: Eros, el Amor.
Engendrado el día del nacimiento de Afrodita, el hijo de Penia será para
siempre el compañero y paje de la Belleza. Porque de su madre hereda la
permanente carencia y el destino andariego. Y de su padre le vienen el coraje,
la decisión y la energía que lo hacen astuto cazador. Ávido de lo Bello y lo
Bueno, de las dos herencias reunidas proviene su destino singular: ni mortal ni
inmortal. Ora germina y vive -cuando enriquece- Ora muere y de nuevo renace.
Perennemente transita entre la vida, la muerte y la resurrección.
Marcado por la creencia que le transmite Penia, no es sabio. Pero se esfuerza
por conocer. Por amor a la Sabiduría, Eros filosofa.
pero también los griegos además
de varias leyendas acerca del amor como Eros y Psique, el nacimiento de
Afrodita y el héroe travieso Cupido tenían una clasificación para ella muy
clara de tres clases de amor:
Los antiguos griegos no tenían una sola palabra para el amor, sino que
usaban varios términos según la naturaleza del afecto. Tradicionalmente, se
destacan tres (o cuatro principales) formas clásicas de amor descritas en su
filosofía y literatura:
Eros: Es el amor romántico, pasional y físico.
Está asociado al deseo sexual, a la atracción intensa y a la idealización del
otro. En la filosofía de Platón (El Banquete), el Eros no se
queda solo en lo carnal, sino que puede impulsar el alma hacia la búsqueda de
la belleza y la sabiduría.
Philia (o Philo): Es el amor de amistad, fraternidad y lealtad. Se basa en el
afecto mutuo, el respeto, la reciprocidade y la afinidad intelectual o de
valores entre iguales, sin un componente sexual. Aristóteles (Ética a
Nicómaco) lo consideraba uno de los amores más valiosos y duraderos.
Ágape: Es el amor incondicional, altruista y universal. Implica una
entrega total y desinteresada hacia el prójimo, priorizando el bienestar del
otro sin esperar nada a cambio.
(A menudo se añade una cuarta
categoría clásica):
- Storgé: Es el afecto familiar
y protector, como el amor natural que surge entre padres e hijos,
basado en la costumbre, la convivencia y el tiempo compartido
Es agape la palabra amor en el
texto bíblico más contundente acerca del amor:
1 Corintios 13 Reina-Valera
1960
La preeminencia del amor
13 Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser
como metal que resuena, o címbalo que retiñe. 2 Y si
tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese
toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy.
3 Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a
los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada
me sirve.
4 El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es
jactancioso, no se envanece; 5 no hace nada indebido, no
busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; 6 no se
goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. 7 Todo
lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
8 El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las
lenguas, y la ciencia acabará. 9 Porque en parte
conocemos, y en parte profetizamos; 10 mas cuando venga
lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará. 11 Cuando
yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas
cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño. 12 Ahora
vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco
en parte; pero entonces conoceré como fui conocido. 13 Y
ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de
ellos es el amor.
de los versos de amor, de
cantidad y hondura infinita, algunos se vienen en mente:
Leopoldo Marechal:
con el número dos nace la pena
Borges:
me duele una mujer en todo el
cuerpo
el poeta Maya quiché, humerto Ak
aval:
«Mayuli»
Cuando estás conmigo
no sé dónde queda el mundo.
//
Cortázar:
«Así viven muchos amigos míos,
sin hablar de un tío y dos primos, convencidos del
amor-que-sienten-por-sus-esposas. De la palabra a los actos, che; en general
sin verba no hay res. Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una
mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se
pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y
te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen
porque-la-aman, yo creo que es al verse. A Beatriz no se la elige, a Julieta no
se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando
salís de un concierto».
//
Las palabras
no hacen el amor
hacen la ausencia
Alejandra Pzarnik
//
esta última cita es cierto que
desnuda un poco lo que hacemos escribiendo y leyendo el amor: un acto
diferente de vivirlo
diferente por distinto, pero
también por diferido
queremos con palabras evocar e
invocar, saborear de nuevo algo perdido o algo que nunca pasó, convertir en un
ensueño una historia común
a la vez que procesar esa
inmensa conmoción que es el amor, tanto en su parte feliz como en lo que se
sufre
amor se fue
mientras duró
de todo hizo placer
cuando se fue
nada dejó que no doliera
dice ese verso de
Macedonio
pienso que tenemos que
permitirnos esas DOS libertades, escribir acerca del amor y escribir poemas de
amor (poemas, cartas, textos, mensajes, historias, canciones etc.) directamente
a alguien –sea real o imaginario o mezcla-
ahí la poesía nos toma de la
mano y nos lleva si perdemos miedo por ejemplo a lo trillado, si alegremente
dejamos que la lapicera diga tus ojos son el cielo o me rompiste el corazón en
mil pedazos, porque una vez pasada esa puerta aparecerán miles de palabras y
frases más, tan inútiles como imprescindibles
hablar de amor puede ser absurdo
y hasta idiota a veces
no hablar de amor es darle el
partido ganado a la muerte
un apéndice de este capítulo es
la voz cambiada que nos surge a veces en la poesía, se nos endulza la voz
interior y además como en las canciones sin saber por qué hablamos de tu
eso en ámbitos –campos
simbólicos diría p. Bordieu- sería escribir mal, y de nuevo ser cursi o no se
qué
pero no se comprende al juzgar
qué está pasando, por qué se nos cambia internamente el registro, y ahí vuelvo
al principio
estamos en el idioma de la
poesía, el único que le entra hondo al amor, y no es ni el académico ni el de
la calle, es el que dice sin ti

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