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capítulo 4 – escritura epistolar

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  queridos participantes del taller: Les escribo para contarles que esta vez hablaremos acercade aquel extraordinario mundo que era -y que en nosotros puede seguir siendo- el de las cartas. Desde este mediodía soleado de sábado y que anuncia tormenta para el atardecer, pienso mientras les redacto estas palabras en las tantas cartas que escribí en otras épocas. Algunas a mano, o tras a máquina. La indecisión por momentos de qué decir, qué escribir. La última duda antes de cerrar el sobre pensando en si había omitido algo o habría dicho algo de más. Y luego con algo de adrenalina y emoción el trámite de acudir a algún correo y desprenderme de ese sobre para luego esperar días o semanas su llegada, sus efectos. Hubo cartas memorables, hubo respuestas hermosas, hubo fatales cartas extraviadas. También me tocó trabajar de cartero, pero esa es otra historia. Espero sinceramente que este capítulo les suscite algo, alguna inquietud nueva por las cartas, claro que alguna nostalgia también...

capitulo tres – narrar y contar

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  había una vez… así comienza el cuento de Cortázar Las babas del diablo, que cuenta cómo un relato nace de una cosquilla en el estómago y además juega con el quién es el que cuenta: Nunca se sabrá cómo hay que contar esto, si en primera persona o en segunda, usando la tercera del plural o inventando continuamente formas que no servirán de nada. Si se pudiera decir: yo vieron subir la luna, o: nos me duele el fondo de los ojos, y sobre todo así: tú la mujer rubia eran las nubes que siguen corriendo delante de mis tus sus nuestros vuestros sus rostros. Qué diablos. Puestos a contar, si se pudiera ir a beber un bock por ahí y que la máquina siguiera sola (porque escribo a máquina), sería la perfección. Y no es un modo de decir. La perfección, sí, porque aquí el agujero que hay que contar es también una máquina (de otra especie, una Cóntax 1.1.2) y a lo mejor puede ser que una máquina sepa más de otra máquina que yo, tú, ella —la mujer rubia— y las nubes. Pero de tonto solo teng...