capítulo 6 – describir
( Vincent van Gogh, El dormitorio en Arlés, 1888)
el poder que se
tiene con las palabras
que tenemos
nosotros y que tienen los escritores que leemos sobre nosotros
el poder de hacer
visible lo que no está casi más que si estuviera en la realidad
no solo a la
vista como veremos sino a todos nuestros sentidos y sensaciones * la
descripción nos hace “percibir” objetos, lugares, climas, ambientes, colores,
aromas, distancias, tamaños, texturas y más…
y el sentido que
tiene en un texto -sea poético o narrativo- es múltiple desde el realismo (o
intento de realismo porque: qué es la realidad?) hasta lo abstracto y lo
simbólico
podemos meter
mundos adentro de una página y a su vez
en ocasiones se
nos hace difícil traducir en palabras un simple objeto o por ejemplo una
habitación
también como
veremos tendremos estilos y sesgos muy personales para describir, habrá de pocas
palabras o de muchas, habrá más o menos adjetivación, intención e incluso
emoción en la manera de escribir de cada cual
//
el
describir
cómo
contar a otros la forma de algo, la textura, el color, el tamaño, el olor
si cada
cosa cada espacio es tan diferente para cada uno de nosotros según de dónde lo
miremos, con qué sentimiento, qué distancia
si a
esta altura de los tiempos sabemos que no hay una posible “objetividad” (aunque
debemos fingirla como ya hablaremos)
a veces
pensamos que necesitamos muchas palabras para contar cada recodo y otras una
simple frase –“el saguán húmedo y abandonado” – nos completa eso que hacemos
mirar con la escritura
Descripción, en primer lugar, deriva del latín,
exactamente de “descriptio”, que puede traducirse como “la acción y el efecto
de escribir sobre la forma en la que se percibe algo”. Es fruto de la suma de
tres componentes: el prefijo “des-”, que significa “de arriba hacia abajo”; el
verbo “scribere”, que es sinónimo de “escribir”; y el sufijo “-cion”, que se
usa para indicar “acción y efecto”.
la descripción literaria es una técnica utilizada en la
Teoría Literaria que consiste en detallar y representar de manera vívida un
objeto, personaje o lugar en un texto literario. Es una forma de crear imágenes
mentales en los lectores y transportarlos al mundo creado por el autor.
Existen diferentes tipos de descripción literaria, entre
ellos:
Índice
- Descripción
objetiva: se centra únicamente en las características físicas y
observables del objeto o persona descrita. Por ejemplo: "La casa era
grande, con ventanas altas y una puerta de madera antigua".
- Descripción
subjetiva: implica la inclusión de las impresiones y percepciones del
narrador o personaje. Por ejemplo: "La casa parecía tener un aire
misterioso, como si escondiera secretos en cada rincón".
- Descripción
simbólica: utiliza elementos visuales para transmitir significados más
profundos y abstractos. Por ejemplo: "La mariposa revoloteaba
libremente, símbolo de la libertad que anhelaba en su interior".
- Descripción
atmosférica: se enfoca en crear una atmósfera o ambiente particular a
través de detalles sensoriales. Por ejemplo: "El aire estaba cargado
de humedad y el olor a tierra mojada llenaba el ambiente".
podemos pensar ante lka descripción en cómo
percibimos
en el trajín cotidiano sin prestar atención
y en momentos más sensibles
la textura de las cosas
el color
el tamaño
la dureza
el peso
y más
y encima cómo y de qué manera distinta cada uno de nosotros
puede “traducir” eso en palabras
y para qué:
para que sea escenografía de una situación
porque sí
para ilustrar un sentimiento
para destacar una belleza
etc.
volviendo entonces a ciertas definiciones
LA DESCRIPCIÓN CIENTÍFICA-OBJETIVA
La descripción científica suele combinarse con la
exposición, y tiene como
objeto elementos de la realidad (nunca de la fantasía).
Se propone reflejarlos de un modo neutro, objetivo, preciso
y desprovisto de
connotaciones subjetivas.
La función del lenguaje que predomina es la representativa.
Entre los rasgos lingüísticos que presenta, podemos señalar:
• La adjetivación es abundante y denotativa. Los
complementos del
nombre (adjetivos y complementos preposicionales) sirven
para
clasificar y describir objetivamente los objetos y tienden a
acumularse
para lograr la máxima exactitud (los piojos son insectos sin
alas, apenas
visibles, que se transmiten...).
• La forma verbal más frecuente es el presente de
indicativo, con valor
generalizador y atemporal, como corresponde a la descripción
científica
(un parásito es un organismo....)
• Abundan las oraciones impersonales con se y las pasivas
(Estos
síntomas se confunden... Cuando la cápsula del quiste es
digerida...).
• Se utiliza la tercera persona y la modalidad enunciativa
(La triquinosis
es una enfermedad parasitaria).
• El vocabulario especializado se manifiesta en la aparición
de
abundantes tecnicismos, es decir, palabras de significado
preciso que
designan los objetos y conceptos estudiados por la ciencia y
que forman
parte de la terminología de cada disciplina científica.
Comprueba las características de los textos científicos en
el siguiente ejemplo:
El pingüino emperador (Aptenodytes forsteri) , presente en
la Antártica, es el
más grande de todos los pingüinos. Su nombre científico,
forsteri, le fue dado
en 1844 en honor al naturalista alemán Johan Reinhold
Forster
Normalmente vive más de 20 años, aunque hay constancia de
casos de llegar
a los 40. De media los adultos miden 1,1 metros de altura y
pesan 30 kilos. A
principios de 2000, científicos de la Base Antártica
Marambio, de la Argentina,
localizaron una colonia de 1,70 metros de altura. Su cabeza
y alas son negras;
el abdomen blanco; su pico es largo, puntiagudo y
ligeramente curvo en su
extremo; las patas son parduzcas y emplumadas hasta su
mitad; presenta
tonos dorados a los lados del cuello. El macho tiene un
pliegue abdominal que
le sirve de bolsa para incubar el huevo y cuidar la cría.
Las crías están
cubiertas por un espeso plumaje gris, más lanoso y opaco que
en los adultos.
Esta capa es vital en los primeros días.
CÓMO SE HACE UNA DESCRIPCIÓN CIENTÍFICA
Describir objetivamente un objeto (cosa, vegetal, animal o
persona), supone
aportar una serie de datos que faciliten al destinatario de
la descripción la
información necesaria sobre dicho objeto:
Qué es (nombre del objeto).
De dónde viene o procede (origen).
Dónde se encuentra (ubicación).
Para qué sirve, qué hace, cómo se comporta o funciona
(finalidad, utilidad,
comportamiento).
Qué partes tiene (estructura).
Cómo es (el objeto y cada una de sus partes): forma, tamaño,
peso, color,
tacto, olor, sabor, sonido, material del que está hecho.
//
Siempre recuerdo el texto de Umberto Eco que les voy a mostrar a
continuación. Me gusta porque nos habla de lo que describimos no solo con las
palabras que usamos, sino también con lo que no decimos:
"No dicho" significa no manifiesto en la
superficie, en el plano de la expresión: pero precisamente son esos elementos
no dichos los que deben actualizarse en la etapa de la actualización del
contenido. Para ello, un texto (con mayor fuerza que cualquier otro tipo de
mensaje) requiere ciertos movimientos cooperativos, activos y conscientes, por
parte del lector. (a) Juan entró en el cuarto. «¡Entonces, has vuelto!»,
exclamó María, radiante; es evidente que el lector debe actualizar el contenido
a través de una compleja serie de movimientos cooperativos. Dejemos de lado,
por el momento, la actualización de las correferencias (es decir, la necesidad
de establecer que el /tú/ implícito en el uso de la segunda persona singular
del verbo "haber" se refiere a Juan); pero ya esta correferencia
depende de una regla conversacional en virtud de la cual el lector supone que,
cuando no se dan otras especificaciones, dada la presencia de dos personajes,
el que habla se refiere necesariamente al otro. Sin embargo, esta regla
conversacional se injerta sobre otra decisión interpretativa, es decir, sobre
una operación extensional que realiza el lector: éste ha decidido que, sobre la
base del texto que se le ha suministrado, se perfila una parcela de mundo
habitada por dos individuos, Juan y María, dotados de la propiedad de
encontrarse en el mismo cuarto. Por último, el hecho de que María se encuentre
en el mismo cuarto que Juan depende de otra inferencia basada en el uso del
artículo determinado /el/: hay un cuarto, y sólo uno, del cual se habla.(2) Aún
queda por averiguar si el lector considera oportuno identificar a Juan y a
María, mediante índices referenciales, como entidades del mundo externo, que
conoce sobre la base de una experiencia previa que comparte con el autor, si el
autor se refiere a individuos que el lector desconoce o si el fragmento de
texto (a) debe conectarse con otros fragmentos de texto previos o ulteriores en
que Juan y María han sido interpretados, o lo serán, mediante descripciones
definidas. Pero, como decíamos, soslayemos todos estos problemas. No hay dudas
de que en la actualización inciden otros movimientos cooperativos. En primer
lugar, el lector debe actualizar su enciclopedia para poder comprender que el
uso del verbo /volver/ entraña de alguna manera que, previamente, el sujeto se
había alejado (una gramática de casos analizaría esta acción atribuyendo a los
sustantivos determinados postulados de significación: el que vuelve se ha
alejado antes, así como el soltero es un ser humano masculino adulto). En
segundo lugar, se requiere del lector un trabajo de inferencia para extraer,
del uso del adversativo /entonces/, la conclusión de que María no esperaba ese
regreso, y de la determinación /radiante/, el convencimiento de que, de todos
modos, lo deseaba ardientemente. Así, pues, el texto está plagado de espacios
en blanco, de intersticios que hay que rellenar; quien lo emitió preveía que se
los rellenaría y los dejó en blanco por dos razones. Ante todo, porque un texto
es un mecanismo perezoso (o económico) que vive de la plusvalía de sentido que
el destinatario introduce en él y sólo en casos de extrema pedantería, de
extrema preocupación didáctica o de extrema represión el texto se complica con
redundancias y especificaciones ulteriores (hasta el extremo de violar las
reglas normales de conversación).(3) En segundo lugar, porque, a medida que
pasa de la función didáctica a la estética, un texto quiere dejar al lector la
iniciativa interpretativa, aunque normalmente desea ser interpretado con un margen
suficiente de univocidad. Un texto quiere que alguien lo ayude a funcionar.
ejemplos de descripción
Para entender las distintas
maneras de describir espacios, no hay nada mejor que leer; en estos casos, la
literatura sirve como una gran caja de herramientas. Cada género, cada época y
cada estilo tiene sus propios trucos, y no hay autor que
los use igual que otro. Por eso, para dar una idea de la amplitud de
la descripción —y de ninguna manera para agotar sus posibilidades—, recogimos
estos pequeños ejemplos:
Gustave Flaubert: la descripción realista
El realismo literario fue una de
las corrientes estéticas más influyentes del siglo XIX. Practicado por autores
como Balzac, Tolstoi o Dickens, se apoyaba fuertemente en la descripción. Si
alguna vez agarraste La guerra y la paz, seguramente te encontraste
con largos párrafos de minuciosa descripción. Este estilo se
caracteriza por su exhaustividad, su objetividad, su minuciosidad y su amplitud.
El narrador, casi siempre una tercera persona omnisciente, suele recorrer
grandes paisajes llenos de gente, y los describe con lentitud y detalle, como
haría un traveling cinematográfico (aunque décadas antes de la
invención del cine, claro). Algo así ocurre en la famosa escena de la feria
de Madame Bovary:
El prado empezaba a llenarse, y
las amas de casa tropezaban con sus grandes paraguas, sus cestos y sus
chiquillos. A menudo había que apartarse delante de una larga fila de
campesinas, criadas, con medias azules, zapatos bajos, sortijas de plata, y que
olían a leche cuando se pasaba al lado de ellas. Caminaban cogidas de la mano,
y se extendían a todo lo largo de la pradera, desde la línea de los álamos
temblones hasta la tienda del banquete. Pero era el momento del concurso, y los
agricultores, unos detrás de otros, entraban en una especie de hipódromo
formado por una larga cuerda sostenida por unos palos.
Allí estaban los animales, con
la cabeza vuelta hacia la cuerda, y alineando confusamente sus grupas
desiguales. Había cerdos adormilados que hundían en la tierra sus hocicos;
terneros que mugían; ovejas que balaban; las vacas, con una pata doblada, descansaban
su panza sobre la hierba, y rumiando lentamente abrían y cerraban sus pesados
párpados a causa de las moscas que zumbaban a su alrededor. Unos carreteros
remangados sostenían por el ronzal caballos sementales encabritados que
relinchaban con todas sus fuerzas hacia donde estaban las yeguas. Estas
permanecían sosegadas, alargando la cabeza y con las crines colgando, mientras
que sus potros descansaban a su sombra o iban a mamar; y de vez en cuando, y
sobre la larga ondulación de todos estos cuerpos amontonados, se veía alzarse
el viento, como una ola, alguna crin blanca, o sobresalir unos cuernos
puntiagudos, y cabezas de hombres que corrían. En lugar aparte, fuera del
vallado, cien pasos más lejos, había un gran toro negro con bozal que llevaba
un anillo de hierro en el morro, tan inmóvil como un animal de bronce. Un niño
andrajoso lo sostenía por una cuerda.
Edgar Allen Poe: la descripción siniestra
La mayoría de las formas de
describir son menos objetivas que la realista. Autores como Poe, por ejemplo,
están más preocupados por producir un efecto sobre sus
lectores —miedo, repugnancia, inquietud— que por adecuarse a la realidad. Y por
eso sus descripciones se cargan de adjetivos y se llenan de
comparaciones, metáforas y asociaciones funestas, como en “La caída de la
Casa Usher”:
Durante todo un día de otoño,
triste, oscuro, silencioso, cuando las nubes se cernían bajas y pesadas en el
cielo, crucé solo, a caballo, una región singularmente lúgubre del país; y, al
fin, al acercarse las sombras de la noche, me encontré a la vista de la
melancólica Casa Usher. No sé cómo fue, pero a la primera mirada que eché al
edificio invadió mi espíritu un sentimiento de insoportable tristeza. Digo
insoportable porque no lo atemperaba ninguno de esos sentimientos
semiagradables por ser poéticos, con los cuales recibe el espíritu aun las más
austeras imágenes naturales de lo desolado o lo terrible. Miré el escenario que
tenía delante —la casa y el sencillo paisaje del dominio, las paredes desnudas,
las ventanas como ojos vacíos, los ralos y siniestros juncos, y los escasos
troncos de árboles agostados— con una fuerte depresión de ánimo únicamente
comparable, como sensación terrena, al despertar del fumador de opio, la amarga
caída en la existencia cotidiana, el horrible descorrerse del velo. Era una frialdad,
un abatimiento, un malestar del corazón, una irremediable tristeza mental que
ningún acicate de la imaginación podía desviar hacia forma alguna de lo
sublime.
Felisberto Hernández: la descripción extraña
El siglo XX trajo muchas
novedades en materia de descripción. Una de las más particulares fue un
estilo profundamente extrañado, casi alienígena, como el que recorre los
textos de Felisberto Hernández. Quizás su recurso más característico sea
personificar a los objetos y cargarlos de intenciones y emociones, como si
estuviera en el palacio
de La bella y la bestia. Eso produce una sensación
inquietante, que va muy bien con sus relatos extraños y desconcertantes. Algo
así ocurre en su cuento “El balcón”, que narra la historia de amor entre una
mujer y su balcón de invierno:
El comedor estaba en un nivel
más bajo que la calle y a través de pequeñas ventanas enrejadas se veían los
pies y las piernas de los que pasaban por la vereda. La luz, no bien salía de
una pantalla verde, ya daba sobre un mantel blanco; allí se había reunido, como
para una fiesta de recuerdos, los viejos objetos de la familia. Apenas nos
sentamos, los tres nos quedamos callados un momento; entonces todas las cosas
que había en la mesa parecían formas preciosas del silencio. Empezaron a entrar
en el mantel nuestros pares de manos: ellas parecían habitantes naturales de la
mesa. Yo no podía dejar de pensar en la vida de las manos. Haría muchos años,
unas manos habían obligado a estos objetos de la mesa a tener una forma.
Después de mucho andar ellos encontrarían colocación en algún aparador. Estos
seres de la vajilla tendrían que servir a toda clase de manos. Cualquiera de
ellas echaría los alimentos en las caras lisas y brillosas de los platos;
obligarían a las jarras a llenar y a volcar sus caderas; y a los cubiertos, a
hundirse en la carne, a deshacerla y a llevar los pedazos a la boca. Por último
los seres de la vajilla eran bañados, secados y conducidos a sus pequeñas
habitaciones. Algunos de estos seres podrían sobrevivir a muchas parejas de
manos; algunas de ellas serían buenas con ellos, los amarían y los llenarían de
recuerdos, pero ellos tendrían que seguir viviendo en silencio.
Silvina Ocampo: la descripción poética
Algunos autores prefieren
describir usando los recursos de la poesía; buscan producir imágenes bellas, y
para eso recurren a metáforas y comparaciones imprecisas y evocativas, con un
estilo marcadamente subjetivo. De alguna manera, sirven para transmitir
las emociones del narrador sin nombrarlas directamente, algo que va muy
bien con relatos íntimos, marcados por la subjetividad de los personajes.
Silvina Ocampo, que además de escribir grandes cuentos fue una reconocida
poeta, hace esto en “Cielo de claraboyas”:
La reja del ascensor tenía
flores con cáliz dorado y follajes rizados de fierro negro, donde se enganchan
los ojos cuando uno está triste viendo desenvolverse, hipnotizados por las
grandes serpientes, los cables del ascensor.
Era la casa de mi tía más vieja
adonde me llevaban los sábados de visita. Encima del hall de esa casa con cielo
de claraboyas había otra casa misteriosa en donde se veía vivir a través de los
vidrios una familia de pies aureolados como santos. Leves sombras subían sobre
el resto de los cuerpos dueños de aquellos pies, sombras achatadas como las
manos vistas a través del agua de un baño. Había dos pies chiquitos, y tres
pares de pies grandes, dos con tacos altos y finos de pasos cortos. Viajaban
baúles con ruido de tormenta, pero la familia no viajaba nunca y seguía sentada
en el mismo cuarto desnudo, desplegando diarios con músicas que brotaban
incesantes de una pianola que se atrancaba siempre en la misma nota. De tarde
en tarde, había voces que rebotaban como pelotas sobre el piso de abajo y se
acallaban contra la alfombra.
Raymond Carver: la descripción ascética
No todas las descripciones son
floreadas y cargadas de recursos. El minimalismo también es una opción. Raymond
Carver, como otros autores del llamado “realismo sucio”, prefiere mantenerla en
el mínimo indispensable, limpiando sus textos de adjetivos, comparaciones y
metáforas. Los objetos y los espacios aparecen a medida que los
personajes los encuentran; pocas veces hay descripciones independientes en
párrafos apartados de la acción. El efecto es descarnado y en algún punto
contenido, cosa que se condice con el estilo de sus narraciones, como en
“Vecinos”:
Bill respiró profundamente al
entrar en el apartamento de los Stone. El aire ya estaba denso y era vagamente
dulce. El reloj en forma de sol sobre la televisión indicaba las ocho y media.
Recordó cuando Harriet había vuelto a casa con el reloj; cómo había venido a su
casa para mostrárselo a Arlene meciendo la caja de latón en sus brazos y
hablándole a través del papel del envoltorio como si se tratase de un bebé.
Kitty se restregó la cara con
sus zapatillas y después rodó en su costado pero saltó rápidamente al moverse
Bill a la cocina y seleccionar del reluciente escurridero una de las latas
colocadas. Dejando a la gata con su comida se dirigió al baño. Se miró en el
espejo y a continuación cerró los ojos y volvió a mirarse. Abrió el armarito de
las medicinas. Encontró un frasco con pastillas y leyó la etiqueta: Harriet
Stone. Una al día según las instrucciones, y se la metió en el bolsillo.
Regresó a la cocina, sacó una jarra de agua y volvió al salón. Terminó de
regar, puso la jarra en la alfombra y abrió el aparador donde guardaban el
licor. Del fondo sacó la botella de Chivas Regal. Bebió dos veces de la
botella, se limpió los labios con la manga y volvió a ponerla en el aparador.
Cómo describir espacios: ejercicios de escritura creativa
La descripción es una técnica y,
como cualquier técnica, se perfecciona con la práctica. Hay muchos ejercicios
que pueden ayudar a dominar las distintas formas de descripción.
·
Ejercicio 1: imitación y estilo
propio. Un primer ejercicio que
proponemos para mejorar tu escritura descriptiva es tomar dos de los autores
que mencionamos más arriba y describir el mismo espacio imitando sus estilos.
¡Vas a ver cómo cambia la descripción según cada uno! Luego, en una tercera
descripción podrías plantear cuál te gustaría que sea tu estilo personal: ¿es
más poético o más minimalista? ¿Evoca emociones? ¿Usa metáforas?
·
Ejercicio 2: cinco
sentidos. Otro buen ejercicio para hacer
mejores descripciones de espacios y objetos es no centrarse únicamente en lo
visual, sino tratar de evocar los otros sentidos. Por ejemplo, si queremos
describir una habitación, más allá de los colores de las paredes y el nivel de
luz, podemos hablar del olor a humedad, de la textura del suelo o del sonido de
una gotera en una habitación contigua.
·
Ejercicio 3: tres efectos. Finalmente, podemos describir un mismo espacio desde distintas
perspectivas, buscando producir distintos efectos. ¿Cómo describirías tu cuarto
para generar miedo? ¿Y extrañeza? ¿Y alegría? El ejercicio consiste en
describir el mismo espacio tres veces, buscando generar tres efectos
completamente distinto. Cada estilo va a llevarte a usar ciertos recursos en
particular, o a resaltar ciertos aspectos y no otros.
En general, a la hora de
describir, lo mejor es hacerlo con intención y criterio. Largas
parrafadas de descripción poética quedan fuera de lugar en una novela de
acción; descripciones ascéticas pueden ser insuficientes para un cuento de
terror. Lo importante es aprender a adaptar el estilo a las necesidades de cada
texto. Con eso en mente, no vas a tener problema con tus descripciones
espaciales.
Para finalizar y llegar a consignas de juego una
reflexión sobre el PODER de las palabras: hacen que quien lee vea lo que
estoy contando. Puedo ser los ojos del otro mostrando un matiz, la sombra que
proyecta una maceta, el ópalo que repentinamente cae, el blanco pelaje del gato
negro que acompaña a la anciana frente a su televisor.
Y una última pregunta con un poco de
humor y de misterio: qué será lo indescriptible?

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