capítulo 19 – bitácoras de viaje
el olor y
el sabor de viajar, las sensaciones de viajar
los
preparativos, los pequeños miedos y ansiedades, los costos
esa
sensación de ver las rutas, los caminos, los campos y pueblos al pasar
los viajes
que han sido solo un paseo más junto a los viajes que nos han cambiado la vida
junto a los viajes que nos han decepcionado o los viajes irrepetibles
las ganas
de viajar que parecen siempre estar agazapadas como creciendo por dentro
durante a veces largo tiempo hasta lograrse
los viajes que
generan encuentros, descubrimientos, nuevas cartografías y territorialidades,
hasta
nuevas maneras de mirar…
un poco como
nos dice la letra de esta canción de Lito Nebbia:
Dicen que
viajando,
Se fortalece el corazón
Pues andar nuevos caminos,
Te haré olvidar el anterior,
Ojalá que eso pronto suceda
Así podrá descansar mi pena
Hasta la próxima vez
Ojalá que
eso pronto suceda
Así podrá descansar mi pena
Hasta la próxima vez
Y así encuentras una paloma herida
Que te cuenta su poesía de haber
Amado y quebrantado otra ilusión
Seguro que
al rato estará volando
Inventando otra esperanza
Para volver a vivir
Seguro que al rato estará volando
Inventando otra esperanza
Para volver a vivir
Creo que
nadie puede dar,
Una respuesta, ni decir
Qué puerta hay que tocar
Creo que a pesar de tanta melancolía
Tanta pena y tanta herida,
Solo se trata de vivir
En mi
almanaque hay una fecha vacía
Es la del día que dijiste,
Que tenias que partir,
Debes andar por nuevos caminos,
Para descansar la pena
Hasta la próxima vez
Seguro que
al rato estarás amando
Inventando otra esperanza,
Para volver a vivir
a veces al escribir el tema da la forma y otras la forma da el tema
es lindo cómo juegan las palabras con nosotros en ese sentido
la realidad cotidiana de cada día nos va un poco domesticando los
sentidos con la costumbre
y una de las cosas a través de las cuales escapamos de esa jaulita
–además del arte-
es viajar
al viajar ya vemos las calles con otros ojos,
percibimos distinto el tiempo,
otros olores.
además de tantas historias contenidas en el por qué viajamos, hacia
dónde
con qué deseo
un arte de la escritura, y un elemento a tomar a mano es casi un arte
postal y crónica
que es escribir diarios de viaje
a veces tienen formato de carta: le estoy contando a alguien
“Llegué a Cañuelas, lo imaginaba más pequeño, no sabés que lindo el
barcito frente a la plaza”
A veces casi turístico:
“Al llegar a Godoy Cruz se puede apreciar la cordillera de los andes y
un parador con ricas degustaciones”
pero aquí lo que interesa es la parte interna, lo que nos pasa con los
viajes
tomado de por ahí, literaturas diversas de la historia que tienen viaje:
Homero, La Odisea
Kavafis, K. Itaca
Calvino, I. Las ciudades invisibles
Baricco, A. Seda
Huart, H. Viajera crónica
Enriquez, E. Alguien camina sobre tu tumba
Theroux, P. El viejo expreso de la Patagonia
Bradbury, R. Crónicas marcianas
Saint Exupery, A. El principito
Rojas, R. Archipiélago. Tierra del Fuego
//
Por supuesto uno también piensa en Los viajes de
Gulliver, o Los viajes de Marco Polo esos libros con viajes por lugares míticos
a veces reales y a veces completamente fantásticos y desde luego el clásico:
La vuelta al mundo en ochenta días (título original en francés:
Le Tour du monde en quatre-vingts jours) es una novela del escritor francés Julio
Verne publicada por entregas en el periódico Le Temps desde el 7 de noviembre (número 4225)
hasta el 22 de diciembre (número 4271) de 1872, el mismo año en que se sitúa la
acción. Después, sería publicada íntegramente el 30 de enero de 1873.[1]
Las peripecias del británico
Phileas
Fogg y de su ayudante Jean Passepartout, llamado también
"Picaporte" en castellano, constituyen uno de los relatos más
cautivadores creados por la imaginación humana y una de las joyas de la
literatura.
La tarde del 2 de octubre de 1872, Fogg debate con sus compañeros en el
Reform Club sobre un artículo publicado en el Daily Telegraph que afirma que, tras la
apertura de una nueva vía de
ferrocarril en la India, es posible dar la vuelta al mundo en solo 80
días. Fogg apuesta 20.000 libras, la
mitad de su fortuna, con sus compañeros del club a que es capaz de viajar
alrededor del mundo en ese tiempo. Acompañado por Passepartout, Fogg parte de
Londres en tren a las 8:45 p. m. de ese mismo día; para ganar la apuesta,
debe volver al Reform Club a la misma hora el 21 de diciembre, exactamente 80
días después. Fogg se lleva las 20.000 libras restantes de su fortuna para
cubrir los gastos del viaje.
- Poco
antes de partir, ocurre un robo en el Banco de Inglaterra (55 000 libras).
El detective Fix sospecha que Fogg es el ladrón y los persigue por
todo el mundo con la intención de arrestarlo.
- Obstáculos
y rescates: En el trayecto (que cruza países como
India, Japón y Estados Unidos utilizando trenes y barcos de vapor),
enfrentan múltiples contratiempos y rescatan a una joven llamada Aouida,
quien luego se convierte en compañera de viaje y esposa de Fogg.
Por ese lado están las opciones para utilizar los
viajes como una buena estructura para la ficción y volar con la imaginación
//
pero por otro lado están los viajes reales, como
decía al principio, lo que hacemos y/o deseamos hacer
a lo que podemos agregarle ese ingrediente tan
especial de la escritura
cómo y qué se escribe de un viaje y en un viaje
cómo es un diario de viaje
un interesante artículo nos
plantea lo siguiente:
Pero vuelvo a preguntarme: ¿cómo
escribir una crónica de viaje hoy, cuando ya hemos visto decenas de programas
de viajes en la televisión y de películas ambientadas en casi cualquier lugar,
y cuando las guías nos dicen en detalle qué ruta seguir en cualquier ciudad y
qué autobús tomar en el aeropuerto y cuánto nos costará un café con leche o una
pinta de cerveza en un suburbio cualquiera, y cuando todos más o menos sabemos,
o creemos saber, cómo viven los nativos de Samoa, los obreros de Shanghai, los
aristócratas monegascos y los campesinos de Nicaragua?
Una vez escuché a alguien contar
que, cuando iba a conocer las Cataratas del Iguazú, se preguntó cómo hacer
para ver ese espectáculo por primera vez, más allá de todas
las imágenes que había visto en fotos o por televisión. Su método fue tratar de
ponerse mentalmente en la piel de un conquistador español que hubiera llegado
hasta allí sin tener mucha idea de con qué se encontraría y que, tras seguir el
rastro de un ruido descomunal, corriera unos matorrales con la mano y viera, de
pronto, esa maravilla. Yo mismo, cuando visité las Cataratas años después,
traté de utilizar la misma técnica. Sin embargo, todo aquello me pareció tan
imponente que no necesité de tretas mentales. La experiencia me resultó, en sí
misma, extraordinaria.
En el fondo, es de eso de lo que
se trata: de la experiencia. Y el relato trata de transmitir el sentido de esa
experiencia. Un sentido que no se construye a partir de las cosas que se pueden
hacer en un lugar, como las que apunta una guía turística o un programa de
viajes en televisión, ni un listado de las cosas que se han hecho, como
representa el casi siempre tedioso álbum de fotos que los que vuelven muestran
a sus familiares y amigos. Ese sentido tiene que ver con la capacidad de los
viajes de —como dice una canción de Ismael Serrano— traer a otros vistiendo
nuestros cuerpos. Si las crónicas de viaje han de seguir existiendo, ese
seguirá siendo su objetivo. Igual que en tiempos de la Odisea.
4
Me planteo todos estos
cuestionamientos porque acabo de hacer un viaje y me pregunto cómo escribir, si
es posible, si tiene sentido, una crónica. Estuve en un pueblito de mil
habitantes, en el norte de la provincia de Santa Fe, Argentina. Fueron varios días
en un mundo distinto, alejado del mío en el espacio y, en cierto modo, también
en el tiempo. Unos cuantos de esos mil habitantes pertenecen a la misma familia
que yo. Entre ellos mi abuela, que en realidad no vive en el pueblo, sino en
una casita en las afueras. En medio del monte. No tiene luz eléctrica, ni agua
corriente, ni gas, ni por supuesto teléfono. Tiene cerdos y gallinas y chivos y
una cocina a leña y un cielo nocturno atiborrado de estrellas. Mi abuela
cumplió 90 años. Hubo una fiesta, que reunió a unas sesenta personas. Fue todo
muy divertido y muy emotivo.
Unos días después de la fiesta,
una nena del pueblo, que tiene cuatro años y es hija de un primo mío, me contó
con absoluta seriedad que en el monte vive un dinosaurio amarillo que come
niñas y que por eso ella tiene que andar con mucho cuidado. Me recordó a las
crónicas de ciertos viajeros de siglos atrás que, por ganar la atención de los
demás, juraban haber visitado lugares remotos y visto allí monstruos feroces o
magias terribles. Pero también me quedé pensando en la seriedad y la sinceridad
con la que esa nena me transmitió sus sensaciones. Las lecciones para la
escritura se pueden encontrar en los lugares más extraños.
Sin embargo me gusta agregar que
en la crónica de viaje siempre siempre y por suerte hay algo de invención: no
somos una cámara que filma sino un cuento
ninguno de nosotros contaría lo
mismo de un viaje a Mar del Plata, ni aunque fueramos juntos el mismo día
para alguno será volver al lugar
donde estudió
para otro donde vivía un
pariente
para otro ver todo por primera
vez
para otro estar ahí sin ganas,
preocupado por otras cosa
y infinitos ect.
un formato es el cuaderno de
bitácora
la defi de wiki es simpática:
La bitácora es
un instrumento que se fijaba a la cubierta de las embarcaciones, cerca del
timón, para facilitar la navegación en océanos desconocidos. Se trata de un
mueble empernado (fijado) en el techo del puente de
una embarcación que contiene un compás magnético, sujeto mediante suspensión cardán a fin de contrarrestar
el sincronismo transversal y longitudinal del buque. En su exterior lleva la
denominada línea de fe que debe estar alineada con el centro del buque o línea
de crujía. En su interior se colocan imanes para contrarrestar el campo
magnético terrestre. En los costados del cubichete, hay dos esferas de hierro
dulce, para anular el desvío producido por el hierro del propio buque y hacer
uniforme el campo magnético que rodea a la aguja náutica con objeto de lograr
que, en todo momento, señale el norte magnético.
Antiguamente, cuando los buques
carecían de puente de mando cubierto, solía guardarse en el interior de la
bitácora el, llamado, cuaderno de bitácora para preservarlo de
las inclemencias del tiempo. Aunque el nombre se ha popularizado en los últimos
años a raíz de su utilización en diferentes ámbitos, el cuaderno de trabajo o
de bitácora ha sido utilizado desde siempre. Hoy en día se denomina diario de
navegación y, en él, se anotan todos los hechos ocurridos durante la guardia de
navegación.
//
algunos ejemplos interesantes:
El interior de Martín Caparrós
“Me gusta escuchar: viajar es, más que nada, un ejercicio de la escucha.
Pero me agota, por momentos. Escuchar es tanto más cansador que hablar: uno
habla con sus propias palabras, con lo que ya conoce y, salvo epifanías, se
sorprende muy poco. Escuchar, en cambio —no digo oír, digo escuchar— necesita
una atención muy especial: esperar lo inesperado todo el tiempo”.
El
interior, más allá de un libro de viajes, es una gran crónica de la Argentina.
En este libro, el periodista Martín Caparrós, plasmará sus impresiones tras
recorrer en auto más de 10 ciudades del norte de Argentina.
Caparrós
emprende un viaje al interior de argentina preguntándose a cada kilómetro ¿qué
es la Argentina?, ¿qué hace a un país una patria? Relatos y crónicas que no
buscan generalizaciones de la identidad argentina y sí reunir sus
contradicciones, plasmar las voces de sus habitantes. Desmitificar aquel norte
argentino que parece tan distinto, tan pobre, a los ojos de los porteños.
El Tao del viajero de Paul
Theroux
Paul
Theroux es uno de los autores de libros de viajes más destacados. El Tao del
viajero es un libro que recopila frases, anécdotas, relatos sobre el acto de
viajar y uno que otro consejo, producto de sus 50 años viajando por el mundo.
Además, el
libro también cuenta con referencias e historias de otros autores que han
escrito sobre viajes y han viajado a lo largo de la historia.
Paul
Theroux pone los ojos y la pluma sobre el camino: nos invita a disfrutar los
trayectos, sus dificultades y las epifanías viajeras. Un libro de un viajero
para otro viajero que por suerte será uno que cree que “El viaje es un estado
mental. No tiene nada que ver con lo existencial o lo exótico. Supone casi en
su totalidad una experiencia interior.”
Diarios de motocicleta del Che
Guevara
“Por la
noche, luego de agotadores partidos de canasta, mirábamos el mar inmenso, lleno
de reflejos verdiblancos, los dos juntos, apoyados en la borda, pero cada uno
muy distante, volando en su propio avión hacia las estratosféricas regiones del
ensueño. Allí comprendimos que nuestra vocación, nuestra verdadera vocación,
era andar eternamente por los caminos y mares del mundo. Siempre curiosos;
mirando todo lo que aparece ante nuestra vista, olfateando todos los rincones,
pero siempre tenues, sin clavar raíces en tierra alguna…”
Este libro
es el diario que redactó Ernesto “el Che” Guevara cuando en diciembre de 1951,
a la edad de veintitrés años, decidió emprender un largo recorrido en moto por
Latinoamérica con su amigo Alberto Granado. Juntos, decidieron empezar su ruta
en Córdoba, en su moto llamada “La Poderosa” para recorrer Argentina y
continuar por Chile, Perú, Colombia y Venezuela.
Además de
las descripciones de los paisajes y las peripecias del recorrido, este libro es
testigo de la odisea formativa que fue ese viaje, pues el Che presenció una
serie de injusticias sociales a lo largo de toda Latinoamérica. El diario
termina con una declaración del Che en la que afirma su disposición a luchar y
morir por la causa de los pobres, y su sueño de ver una América Latina unida.
pero más allá de toda fórmula y
ejemplos
hay planos posibles como:
escribir en el momento como una
crónica
escribir un viaje recordado
suele ser una escritura de la
percepción y los sentidos, pero como dijimos antes todo depende de la
historia y el contexto que hace a ese viajar
darnos cuenta de que todo viajar
es viajar en el tiempo
contar paisajes
ciudades
lugares
rutas
a veces como un ensueño

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