capítulo 14 - animarse a los ensayos
el disfrute de escribir ensayos
en este mundo nuevo que vamos mencionando donde
toda escritura está interpelada para bien o para mal con la irrupción repentina
y universal de la Inteligencia Artificial, el género y forma que vamos a ver en
este capítulo toma una dimensión interesante
la inteligencia artificial no puede expresar lo que
yo estoy pensando u opinando: lo puede redactar y corregir y modificar a su
manera maquinal
porque es nuestra condición de persona humana
expresando una mirada lo que lo hace interesante y no su carácter informativo
porque es escribir -con algunas formas de aparente
objetividad y explicativas que ya veremos- lo que YO pienso sobre un tema, es
mí mirada
y este género, que a veces parece desaparecer pero
siempre retorna por diversos motivos, es el ensayo
la etimología es interesante: La palabra "ensayo"
proviene del latín exagium, es decir, el acto de pesar algo. Ensayar es
pesar, probar, reconocer y examinar; es producto de la meditación, donde lo
esencial es explorar, su sentido de audacia y su originalidad.
**
todas las personas tenemos de alguna manera nuestra
propia definición de las cosas, nuestra mirada personal del mundo
de los “grandes temas”: la vida, la muerte, el
amor, el tiempo, la justicia
hasta de las cuestiones más cotidianas, por ejemplo
qué es ser vecino de alguien
otra de las lindas invitaciones y desafíos de los
tantos casi infinitos como decimos siempre hacia el escribir es expresar esa
mirada
en un género muy especial que es el ensayo
a veces persiste una sensación que es la de que
ensayos escriben solamente estudiosos, críticos, historiadores, personas del
ámbito académico
pero con esa versión nos perdemos saber que es un
género de escritura muy rico para cualquier persona, sea cual sea su
condición, su formación previa etc.
partiendo de una definición:
“El ensayo es un tipo de texto en prosa que
explora, analiza, interpreta o evalúa un tema. Se considera un género literario
comprendido dentro del género didáctico.
Las características clásicas más representativas
del ensayo son:
Es un escrito serio y
fundamentado que sintetiza un tema significativo.
Tiene como finalidad
argumentar una opinión sobre el tema o explorarlo.
Posee un carácter
preliminar, introductorio, de carácter propedéutico.
Presenta argumentos y
opiniones sustentadas.
Un
ensayo es una obra literaria relativamente breve, de reflexión subjetiva pero
bien informada, en la que el autor trata un tema por lo general humanístico de
una manera personal y sin agotarlo, y donde muestra cierta voluntad de estilo,
de forma más o menos explícita, encaminada a persuadir al lector de su punto de
vista sobre el asunto tratado. El autor se propone crear una obra literaria y
no simplemente informativa y versa sobre todo de temas humanísticos
(literatura, filosofía, arte, ciencias sociales y políticas...) aunque también
más raramente de asuntos científicos.”
Qué
pienso de la comida y de cómo nos alimentamos en la época actual?
Qué
puedo expresar acerca del impacto de los celulares en la vida cotidiana?
Cómo
escribiría lo que implica perder un ser querido para una persona o una familia?
Qué
es la moda?
Qué
es escribir?
Qué
significa el arte en la vida de las personas?
y
miles de etcéteras
El
primer paso es reflexionar: encontrarse con la propia mirada acerca de una cosa
o tema y explorarla mucho. Y después algo que es para mí una ejercicio hermoso:
pensar escribiendo
(decíamos
pensar con la lapicera – o pensar con el teclado)
una muy buena ensayista argentina recientemente
fallecida, Beatriz Sarlo da una mirada sobre el arte del ensayo muy
enriquecedora:
“
Todos los buenos ensayistas son escritores, en el sentido que Barthes dio a esa
palabra. El ensayo escribe (y describe) una búsqueda. Su modelo podría ser la
novela de Proust: escribir para encontrar, para mostrar las maquinaciones y
dificultades a las que obliga seguir un rastro, los desvíos y desvaríos; no se
escribe para contar lo que ya se ha encontrado: “Veo en mi pensamiento con
claridad las cosas hasta el horizonte. Pero me empeño en describir solo
aquellas que están al otro lado del horizonte”. El ensayista no dice lo que ya
sabe, sino que hace (muestra) lo que va sabiendo; sobre todo, indica lo que
todavía no sabe. En el ensayo se dibuja un movimiento más que un lugar
alcanzado. Como la flecha del arquero zen, el ensayo es el trayecto más que dar
en un blanco. Pero, a diferencia de la flecha, el movimiento discurre en varias
direcciones, exploratorio, muchas veces incierto. Si hay alguna seguridad en el
ensayo, ella, más que de su argumento, es un atributo de su escritura que se
precave de una incertidumbre completa.
A
diferencia del “tratado”, el ensayo no puede resumirse en sus partes. Estas se
sobreimprimen, reaparecen sin sintetizarse, desapa- recen sin explicaciones. El
plan del ensayo debe ser descubierto en sus restos, siempre dispersos a lo
largo de un texto que a veces oculta su plan y a veces lo muestra sin
cumplirlo. Una forma del ensayo es la pregunta, y su desenlace no
necesariamente ofrece una res- puesta, sino una nueva pregunta, bordeando lo
que no se sabe, que se ha ampliado como resultado en negativo: después del
ensayo, un nuevo horizonte (para usar la palabra de Proust) desconocido.
Otra forma del ensayo es la afirmación radical, cuya radicalidad, precisamente,
desencaja los pasos argumentativos.
La
incompletitud es su regla porque si el ensayo se completara, daría cierre a una
forma que, en cambio, se caracteriza por desafiar la clausura, incluso cuando
alguien (el escritor, el lector) se ilusiona con un cierre definitivo de la
argumentación.
Tomando
un famoso ejemplo de los hechos y dichos de la Revolución Francesa, Heinrich
von Kleist escribió que pensamos mientras hablamos, no antes de hablar:
Después
de la disolución de la última sesión de la Asamblea bajo la monarquía, el 23 de
junio, cuando el Rey había ordenado que se disolvieran los Estados Generales,
el maestro de ceremonias se apersonó en la sala de debates, donde la asamblea
todavía continuaba, para preguntar si habían escuchado la orden del Rey. “Sí”,
respondió Mirabeau, “escuchamos la orden del Rey”; estoy convencido de que con
esta entrada en materia, llena de cortesía, todavía no se le había pasado por
la cabeza la palabra “bayoneta”, que le serviría para concluir: “Sí, señor”,
repitió, “la hemos escuchado”. Está claro que todavía no sabía lo que quería
decir. “Pero ¿qué le permite a usted”, prosiguió –y justo en este punto se
abrió la fuente de ideas no dichas–, “darnos aquí estas órdenes?”. Esto era lo
que ne- cesitaba Mirabeau: “Es la Nación la que da las órdenes, y no hemos
recibido ninguna de esa fuente”, momento en el cual se lanzó hacia la cima. “A
fin de hacerme entender claramente” –y es aquí donde encontró lo que expresaba
toda la resistencia de su alma–, “decid a vuestro Rey que no dejaremos nuestro
puesto sino por la fuerza de las bayonetas”. Con esto, satisfecho de sí mismo,
volvió a sentarse.
Como
la famosa réplica de Mirabeau, el ensayo se piensa mientras se escribe o, por
lo menos, deja la impresión de asistir siempre a la escena de un pensamiento en
el momento en que ese pensamiento se está haciendo: “No somos nosotros los que
sabemos; ante todo, la que sabe es cierta disposición de nuestro ser”.
…
y que además en otro párrafo nos remite a nuestra
reflexión inicial en relación a la IA:
Así como no
se resume en sus partes, un ensayo no se resume en sus hipótesis. Resiste el
resumen y, como la poesía, cuando la cualidad ensayística es intensa, rechaza
la paráfrasis. Parafrasear un ensayo es escribirlo mal o escribirlo mejor,
nunca exponerlo de nuevo. No hay síntesis posible del ensayo. Puede ser
sometido a la “explicación”, pero no puede ser reducido a sus ideas
(les
recomiendo el artículo completo en el siguiente link)
me gustó una definición de por ahí del ensayo como
“una poética del pensar”
otra estudiosa del ensayo literario Liliana Weinberg nos suma al respecto:
—Por mi parte estoy completamente de acuerdo con
Adorno: el ensayo desenmascara toda falsa pretensión de objetividad y
originariedad. … En cambio el ensayista no oculta su toma de
posición, su relación con la historia, con el presente, con la ideología y las
estructuras de sentimiento de su época. El "yo opino", que resulta
indeseable en un trabajo filosófico o científico, resulta condición necesaria
en el ensayo, porque el ensayo hace siempre ostensible su punto de vista.
Considero
que el ensayo representa una "poética del pensar": el ensayo recoge
ante todo una forma de conocer activo, recoge el momento enunciativo del
pensar, es un estilo del pensar y del decir. Al leer un ensayo asistimos, como
decía Gaos, al pensar del pensador, al escribir del escritor, en un presente
activo. He reflexionado mucho también sobre este "presente del
ensayo", que es un elemento fundamental al que no se le ha dado la
suficiente importancia. El ensayo nos conduce a la intelectualidad como vivencia
sentimental (esto lo dice Lukács), al momento en que damos resolución estética
a problemas epistémicos o éticos. Es una puesta en el presente vivo del acto de
pensar y de representar el mundo.
Pero además de hermosas reflexiones como las
anteriores podemos pensar más concretamente CÓMO LO ESCRIBIMOS
no hay formulas
(salvo cuando son para ámbitos académicos y deben
cumplir con algunas normas, como la citación con reglas como APA u otras, y
otros requisitos de forma: el abstract etc.)
si hay tips para formatos amables hacia el lector
Pero una
estructuración muy sencilla se nos va aparecer casi naturalmente, sin que la
tengamos que pensar y es la siguiente:
Partes de un ensayo
Para
escribir un ensayo, es necesario tener en cuenta que consta de distintas
partes:
· Título. Es una frase corta en la que se menciona el tema central. Puede ser
una afirmación o una pregunta.
· Introducción.
Se presentan el tema, el abordaje y el punto de vista del autor. Esta parte
tiene que ser breve (generalmente, ocupa un párrafo) y debe ser interesante
para captar la atención del lector.
· Desarrollo.
El autor justifica con argumentos su postura. Para ello, puede incluir
ejemplos, citas,
otras hipótesis o
teorías, resultados de investigaciones, entre otros.
· Conclusión.
Se resumen los argumentos principales
y la opinión del autor y se expresa una resolución de las ideas que se
plantearon en el desarrollo.
Desde un punto de vista psicológico básico,
expresar lo que pensamos y desarrollarlo en el lenguaje siempre es más
saludable que guardarlo
esto nos ayuda
a mantener viva una mirada crítica o mirada propia que
nos evita repetir lo que se dice en los medios o el pensamiento pre fabricado
también un entretenido y apasionante enfocar el
pensamiento en un objeto o tema y exprimir todas las facetas que se nos
aparecen
por poner un ejemplo
digo la sal
es un compuesto de sodio que sirve para condimentar
las comidas
podría quedar ahí
y empezamos a pensar que está presente en todo el
mundo, en lo que afecta a la salud, en los alimentos que vienen con demasiado
sodio, en la historia donde sirvió para conservar alimentos o o incluso como
moneda de cambio, en la frase de cristo y de Charly García etc etc
Jugar con el pensamiento propio y de otros
relacionar libremente
animarse a una hipótesis propia y a que la simple
ocurrencia forme parte de nuestro ensayo
habrá opciones para publicarlo: revistas, en las
redes, en concursos de ensayos que los hay y muy interesantes, dentro de un
libro propio mezclado con otros géneros etc.
valorar la propia mirada, no ceder ante la
exigencia de “ser original”, no temer a los lugares comunes aunque sí
saborearlos y repensarlos
tamizarlos en el colador de nuestro propio sentir y
ponerle la música de nuestras palabras
temas hay muchos pueden tartar de algo cotidiano,
algo social, un lugar histórico, cosas sencillitas como el amor y la muerte, la
moda, una costumbre y miles más
ensayemos esa escritura disfrutándola

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