capítulo 13 – la poesía para dar
hemos conversado a principios de
año acerca de los motivos para escribir, lo que nos mueve: las cosas que nos
pasan a nosotros o a otros, la necesidad de expresarnos, el ansia de crear y
mucho más
además de las situaciones de
escritura
que pueden ser en la soledad de
una habitación, en un café, en grupo en un taller de escritura etc.
y una pregunta que no tiene del
todo siempre una respuesta clara es el para quién escribimos
algunos dicen solo para mi mismo
para quienes lean
escribo para una persona en
especial
y también un no sé, no sé para quién escribo
aunque sospecho que a alguien llegará
y en ese marco de la pregunta
aparece una escritura muy concreta, clara y situada que es la escritura para
dar
en este caso dentro del mundo de
la poesía que es bien apropiada para ese don para ese darse
son esos poemas que podemos
escribir para un hijo, para una pareja, para una abuela, para los amigos y hacérselos
llegar
por experiencia sé que es una
instancia especial de escritura, apropiada para la expresión poética porque
pasa más por la emoción que por la razón
donde por tanto se pone más el
cuerpo en la escritura y va quedando de lado -aunque no del todo- la calidad
literaria en función de lo que se le quiere decir al otro
es la poesía para regalar, para
acompañar un regalo en una tarjeta, en una carta
para regalar por una red social,
para dar en mano o leerle o darle a alguien
ha quien lo ofrece por ejemplo
como un servicio (aLgo que era muy común en otras épocas, la poesía por
encargo)
También nos acompaña de por ahí una reflexión acerca de regalar poesía
(en este caso ya sea de autoría propia o comprando y regalando un libro de
poesía):
Si se regala poesía se apela a
la sensibilidad, no solamente a dramas expresivos
individuales, sino a la
capacidad del lenguaje para producir imágenes y
sonidos al mismo tiempo que
significados. Puede pensarse que esos significados
van por carriles diferentes
a los de la prosa, porque la necesidad de
condensar hace que muchas veces se
quieran decir más cosas en una palabra que las
indicadas en el diccionario; que
no se cuenta una historia, que la linealidad queda
diluida ante las relaciones
entre las palabras, que, además, ocupan lugares en
el espacio de la página
distintos de los habituales; es cierto, pero
también lo es que el ejercicio de
lectura en esos términos plantea problemas de
mayor o menor complejidad, detrás
de los cuales hay otros a ser pensados en la vida
cotidiana. Leer a Fernando
Pessoa, a César Vallejo, a Sylvia Plath o a
Eduardo Milán, por citar solo a
algunos, no solo puede ampliar el gusto por la
literatura, sino llevar a
profundizar en distintos aspectos de la
afectividad, del razonamiento, de la
imaginación, del deseo: paradojalmente, la
fragmentariedad, la condensación y
la sonoridad de la poesía ayudan a entenderlos de
una manera más directa, más
vinculada a la circulación de las ideas y los
impulsos que todos tenemos, y
muchas veces no sabemos manejar. Alguna vez se
dijo que los libros son íconos,
modelos, de la vida del lector: en ningún otro
género se ve más claro que en la
poesía.
pero entonces
y qué decir mediante poesía a alguien que se quiere agasajar o alegrar
(aunque como veremos también puede ser a la inversa poesía para enojar)
se expresa con palabras simples
con metáforas
con versos de humor
con las palabras amables y agradables
y también con algunas fórmulas que ahora veremos….
como idioma profundo
o como lenguaje del
deseo
también como
un campo mágico donde están permitidas otras lógicas que las del criterio de
realidad utilitario y cotidiano
la poesía ha sido y
es también un modo de invocar , de pedir
desde la poética de
los rezos más antiguos
y a su vez de
conjuros y hechizos
la poesía como una
manera más de interpelar un algo más en lo inexplicable del universo
de tratar de
dominarlo, al menos un poco, ya que al pronunciar el deseo en la fórmula
poética se intentará que se cumpla
“Y por eso antes, hace mucho,
no había diferencia entre magia y poesía. Ernesto Cardenal, en su prólogo a
la Antología
de poesía primitiva, enuncia
cómo muchos pueblos hacían y hacen poesía como una forma de crear su mundo,
porque ambas se manifiestan como un aliento que crea y cura, una mística que
une y deshace al individuo. Para esos pueblos, poesía y magia iban (¿van?)
acompañadas de danza porque “establecen una relación o enlace entre los dos
mundos, el mundo natural del acontecer diario y el sobrenatural. Y el mundo
natural es presentado como una manifestación del mundo sobrenatural”.
por ejemplo en el mundo
hindú:
Es posible observar que, en
las escrituras sagradas del hinduismo, nadie está libre de o es inmune a la
maldición, ni hombres ni dioses. Sólo aquel que profiere la maldición tiene el
poder de apaciguar o reducir el castigo. Esto podría parecer contradictorio, ya
que supuestamente los sabios tienen perfecto dominio sobre sus instintos -ira,
deseo, arrogancia o soberbia, entre otros-, pero son ellos los que deciden
lanzar maldiciones. Lo más sorprendente es que hasta las fuerzas supremas
(Kŗşŋa o Vişŋu, por ejemplo), aun teniendo la capacidad y la posibilidad de ser
inmunes a estos “castigos”, los aceptan, ya que, según varios textos
filosóficos y religiosos antiguos, todo lo que sucede no es más que un jugueteo
(Līlā)36 o
una ilusión (Māyā)37 creados
por la fuerza suprema misma. Y en este jugueteo, el uso del poder de la
palabra, o las maldiciones, no son más que los catalizadores que dan nuevos
rumbos a esta comedia divina que, vista desde una perspectiva limitada, parece
una tragedia humana.
la misma lógica tienen
nuestras invocaciones en las formulas cotidianas:
chau, que te vaya bien
que tengas buen viaje
suerte con ese examen
que dios te bendiga
y demás
pero en el
juego de la escritura podemos crear nuestras propias formulas, permitiéndonos
con simpleza el procedimiento poético, ya sea tomando cosas reales (que te
salgan ricas las comidas) o imaginarias (que las hadas ablanden el pasto que
pisas)
en el libro
Dragón de Gustavo Roldán tenemos un ejemplo hermoso
Bendición
de Dragón
Que las lluvias que te mojen sean suaves y cálidas.
Que el viento llegue lleno del perfume de las flores.
Que los ríos te sean propicios y corran para el lado que quieras navegar.
Que las nubes cubran el sol cuando estés solo en el desierto.
Que los desiertos se llenen de árboles cuando los quieras atravesar. O que
encuentres esas plantas mágicas que guardan en su raíz el agua que hace falta.
Que el frío y la nieve lleguen cuando estés en una cueva tibia.
Qué nunca te falte el fuego.
Que nunca te falte el agua.
Que nunca te falte el amor.
Tal vez el fuego se pueda prender.
Tal vez el agua pueda caer del cielo.
Si te falta el amor, no hay agua ni fuego que alcancen para seguir viviendo
también en
el mismo libro tenemos por el contrario una maldición:
-con una
lógica que parece inversa, parece casi bendición, pero un último verso
terrible-
Que tengas
comida hasta estar harto todos los días de tu vida.
Y que vivas
muchos años.
Que nunca
te falten ni el agua ni la luz.
Que los
senderos sean suaves cuando los camines.
Que las
espinas se aparten de tu lado.
Que tus
enemigos te dejen pasar sin atacarte.
Que ningún
dolor te hiera en el costado.
Que nadie
te lastime a traición. Que nadie te ofenda ni siquiera con un gesto.
Que tengas
todo lo que se pueda desear, por largos, larguísimos años.
Pero que te
falte el amor.
Se denomina maldición a la expresión
hablada o escrita de un deseo maligno dirigido a una o más personas con el
poder mágico del lenguaje para desear se cumplan lo que se pide.
Estas creencias populares son también supersticiones que tienen mitos y
leyendas. Algunas personas se sienten víctimas de las maldiciones y aún con
consecuencias descendientes; por lo general se hace más alusión a la maldición
que a la bendición como una de las interpretaciones del destino. En España se
presenta la bien conocida maldición gitana que causa pavor.
Las maldiciones en la antigua
Grecia y Roma llamadas katadesmoi (ataduras de los griegos)
y tabulae defixiones (de los romanos)
Se escribía
en tablilla de plomo u otros materiales para invocar a los espíritus deidad o
demonio o muerto prematura y cumplir su objetivo. Por lo general la maldición
se desea al enemigo que se quiere eliminar debido a robo, infidelidad, amor no
correspondido, falta de respeto o daño a su dignidad.
Los
romanos, etruscos y griegos practicaban este tipo de maldiciones y entre los
griegos estaban los llamados “areteos”, o sea maldecidores; las
maldiciones aparecen también en la Ilíada como la de Crises contra Agamenón y
en la tragedia de Sófocles cuando Alcibiades fue desterrado después de la
mutilación de Hermes; los sacerdotes de Atica excepto uno lanzaron con él una
gran maldición
con algo de humor negro y extrañamiento poético
Girondo tira una maldición así:
POEMA 21 -
ESPANTAPÁJAROS
Que los
ruidos te perforen los dientes, como una lima de dentista, y la memoria se te
llene de herrumbre, de olores descompuestos y de palabras rotas.
Que te crezca, en cada uno de los poros, una pata de araña; que sólo puedas
alimentarte de barajas usadas y que el sueño te reduzca, como una aplanadora,
al espesor de tu retrato.
Que al salir a la calle, hasta los faroles te corran a patadas; que un
fanatismo irresistible te obligue a prosternarte ante los tachos de basura y
que todos los habitantes de la ciudad te confundan con un meadero.
Que cuando quieras decir: “Mi amor”, digas: “Pescado frito”; que tus manos
intenten estrangularte a cada rato, y que en vez de tirar el cigarrillo, seas
tú el que te arrojes en las salivaderas.
Que tu mujer te engañe hasta con los buzones; que al acostarse junto a ti, se
metamorfosee en sanguijuela, y que después de parir un cuervo, alumbre una
llave inglesa.
Que tu familia se divierta en deformarte el esqueleto, para que los espejos, al
mirarte, se suiciden de repugnancia; que tu único entretenimiento consista en
instalarte en la sala de espera de los dentistas, disfrazado de cocodrilo, y
que te enamores, tan locamente, de una caja de hierro, que no puedas dejar, ni
un solo instante, de lamerle la cerradura.
//
volviendo a
las bendiciones –porque el tema es poesía para dar: para regalar un texto
lindo, para dar buenos deseos creados para alguien en particular, para hacer
una intención bella y solidaria hacia los demás:
Que la tierra ronronee bajo tus pies
cuando te saques los zapatos.
Que el aire
entre suave
te vuelva hilo
papel de seda
y aletee
cada uno de tus dedos.
Que la fruta madura
guarde el sabor del tiempo justo
para que no la olvides nunca.»
Laura Devetach, «Fórmulas para desear el bien», en Canción y
pico.
este
fragmento de Hamlet Lima Quintana
Deseo que la noche
se te transforme en música
y la mesa en un largo
sonido de campanas.
y en la
canción de Joaquin Sabina el deseo individual que se da al pedirse se alterna
entre lo individual y lo colectivo
Que el
maquillaje no apague tu risa
Que el
equipaje no lastre tus alas
Que el
calendario no venga con prisas
Que el
diccionario detenga las balas
Que las
persianas corrijan la aurora
Que gane él
quiero la guerra del pueblo
Que los que
esperan no cuenten las horas
Que los que
matan se mueran de miedo
este
fragmento se atribuye a auna antigua fórmula celta:
Que los
caminos se abran a tu encuentro,
que el sol brille sobre tu rostro,
que la lluvia caiga suave sobre tus campos,
que el viento sople siempre a tu espalda.
podemos
tener yo creo una linda conciencia –en relación también al poder de la
palabra *- de que escribimos para causar un efecto en el otro
ya hacerle
sonreír es un efecto mágico, al mismo tiempo que transmitir una buena intención
depende de la fuerza –la fe para algunas personas- la sinceridad y la poesía
del vínculo humano
puede ser
para tarjetas de cumpleaños, para fechas especiales o porque sí, para una
persona determinada o para muchos
no hay
fórmulas… más que inventar con imaginación y algo de humorismo
nuevas maneras de desear e invocar la suerte
como una
escritura que es un regalo que se da a alguien
ejemplo que
escribí una vez...


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