capitulo 12 – inventar mundos

 




cuando hemos hablado acerca de la descripción y otros temas  de la narrativa siempre pisamos la línea entre lo real y lo imaginario, la realidad y la ficción

 

las “locaciones” donde sucede lo que se cuenta son a veces la ciudad real, a veces la ciudad real pero modificada ( en un cuento nos puede venir mejor que la casa abandonada quede frente a la escuela , o el cementerio*)

pero luego en otros extremos las posibilidades de la imaginación llevan a inventar universos, o ciudades, o mundos

 

más o menos parecidos a este pero diferentes, con sus propios mapas inventados, hasta sus idiomas (como mencionamos en el capítulo de las palabras inventadas) sus especies de animales y plantas, sus costumbres

[a veces lo fantástico puede estar en solo un detalle, por ejemplo un país donde los autos no llevan el volante ni a la izquierda ni a la derecha sino al medio]

 

como dice un amigo poeta: existen muchos mundos pero están todos en este

 

es nuestra locura y nuestra defensa interior que ante la gigantez y el misterio del universo inventemos aun más mundos y más universos

 

y entonces

 

 

 

 

 

una experiencia de la escritura y del escribir en el que se aventuraron muchas personas es el loco arte de inventar mundos

mundos parecidos a este, incluso iguales a este, o un poco diferentes o totalmente diferentes

podemos pensar en Macondo, parecido a un pueblo de Colombia, o en los mundos que inventa Tolkien en El señor de los anillos, con geografías, idiomas y seres que hacen a un planeta y un tiempo totalmente diferentes

mundos paralelos como Narnia o Horgwars en Harry Poters

además de lo que hemos imaginado y proyectado de nosotros en otros planetas en la ciencia ficción


n, como los mundos de Star Wars o la literatura de Ursula Leguin

podría ser un mundo imaginario

en el que hablan los animales

o una ciudad igual a la nuestra, que se llame por ejemplo Puerto y mar, y que tenga un Casino abandonado…

inventar ciudades, lugares, costumbres con la imaginación y con lo que ya existe deformándolo y trastocándolo un poco

de entre tantos ejemplos se me viene esa ciudad de los cuentos del escritor uruguayo Juan Carlos Onetti

La ciudad se transforma en una metáfora; su construcción es la ilusión de un  orden que pueda transformarse, deshacerse y armarse; de una geografía inventada que se prolongue en su novelística como las ciudades del mundo real y como la vida misma que a veces es necesario inventarla. No existe un fuerte argumento pero alcanzamos a respirar el clima denso que se cierne en esa ciudad de Onetti, o, quizás sería mejor decir, en el universo de Onetti porque Santa María aparece una y otra vez en sus obras mostrando facetas diferentes pero donde el fracaso y el sin sentido se reiteran.


ART. CIUDADES INVENTADAS  


como nos dicen también por allí, es interesante ver lo escrito también como una realidad virtual –algo que normalmente solo asociamos con las nuevas tecnologías-

 

Crear una ciudad  y luego meterse en cada uno de sus habitantes que se renuevan por generaciones es una empresa fundacional tan misteriosa que no la podemos dejar de comparar con las referencias sobre orígenes de todas las religiones  Las historias de los personajes están  moldeados por ese espacio geográfico e histórico y en cuanto a los personajes son muchas y variadas sus historias que a su vez se renuevan o persisten intactas en distintas generaciones. Sin duda, una ciudad de tales características constituye  el mayor ejemplo de realidad virtual hasta `para que Dios la  vea’, si nos atenemos a lo que dice Maria Moliner en su diccionario tan elogiado por Garcia Marquez “: Virtual (f. virtualidad) 1 adj. Se aplica a un nombre para expresar que la cosa designada por él tiene en sí la posibilidad de ser lo que ese nombre significa, pero no lo es realmente: ‘Con esta finca tiene un capital virtual’. 2.Fis. Existente como supuesto físico necesario en la producción o desarrollo de un fenómeno, pero no con existencia real: ‘Foco virtual’. 3 Se aplica a lo que tiene existencia aparente . Se dice sobre todo de las imágenes, sonidos o sensaciones en general que, creados por medios informáticos, producen en quien los recibe ilusión de realidad: ‘Realidad virtual’ “

lo que ahora se hace con tecnología, los lentes de realidad aumentada la literatura lo logró siempre mediante el poder del lenguaje en ese pacto entre el que escribe y quien lee y se deja llevar por un mundo inventado como si fuera tan real o incluso más real que este, tento que uno puede casi recordar “haber estado” en el País de las maravillas o el del nunca jamás

 

podemos conversar y pensar ejemplos de lugares y mundos inventados que conocemos tanto en la literatura como en el cine y en otros productos culturales

desde el País de nunca jamás de Peter Pan, ese lejano y antiguo reino sin nombre que aparece en muchos cuentos clásicos, la lejana tierra de El mago de Oz… y también los lugares y tiempos que nombramos como reales pero los estamos inventando un poco o bastante, como decir el tiempo de los gauchos, 1810, etc.

Este ejercicio tiene que ver con el extrañamiento: la vuelta imaginativa para inventar también nos ayuda a ver lo cotidiano como extraño

es una de las “funciones” de la literatura conocidas desde hace mucho y teorizadas por los formalistas rusos

también sucede en el teatro: vemos alguien sentado en una mesa y tomando un café pero en un escenario, prestamos atención a cada detalle porque todo nos narra algo, hasta la manera de levantar la taza, es parte del extrañamiento que el arte nos muestra ante lo cotidiano

cuando inventamos un mundo podemos decir cosas como: esos seres se alimentaban abriendo unos orificios de la cara y metiendo en ellos objetos arrancados de la tierra

-sería cualquiera de nosotros comiendo un poco de lechuga-

y apelando a la ocurrencia o a la fantasía hay muchas posibilidades, casi infinitas,  desde hacer un mundo igual pero con un detalle

por ejemplo un planeta igual a este en todo pero en que las personas caminan para atrás

o algo mucho más imaginario

el uso del verosímil (que no es para nada obligatorio) puede ser útil, significa que algo inventado sea  como creíble en la lógica de lo real:

La literatura fantástica está llena de elementos bisagra que sitúan en paralelo dos mundos: el real y el imaginado. Pensemos en Las crónicas de Narnia y su armario, o en el pozo de Alicia en el País de las Maravillas, en la ventana de Peter y Wendy que se convierte en el camino hacia Nunca Jamás… Son muchos los ejemplos de literatura juvenil y fantástica que utilizan este recurso. En Los Portales de Éldonon, mi primera saga publicada, investigué esta posibilidad. Creé Éldonon basándome en la teoría platónica sobre el mundo de las Ideas, y lo uní a la Tierra a través de portales mágicos custodiados por guardianes. Éldonon era el mundo de la imaginación, allí donde todas nuestras ideas se crean, donde nuestros sueños se construyen como películas y donde las musas trabajan para inspirarnos. Recogiendo gran parte de la tradición fantástica, Éldonon es un mundo espejo que podemos comparar con el mundo real. Un mundo fantástico, en el sentido más amplio de la palabra, en el que todo es posible. Pero aún construyendo un mundo que en apariencia no tiene normas, necesité acotarlo para que el lector aceptase mi pacto de ficción. Éldonon debía ser verosímil. Para ello creé cuatro oficios: creator, somnios, musas e imaginatos. Éstos últimos eran los encargados de regular el mundo de la imaginación. Pero todos cumplían normas, seguían protocolos y mostraban al lector los límites de lo posible dentro de Éldonon. Por poneros un ejemplo, en Éldonon existen las Puertas Libres, puertas que pueden conectarte con cualquier lugar dentro de ese otro universo. Aunque, para usarlas, necesitas introducir coordenadas firmes. En la segunda entrega de la saga, en Los cines somnios, hago a mis personajes viajar utilizando otro sistema, un método que se dejó de usar en el pasado, un libro mágico creado por gigantes. Me encontré con un verdadero aprieto cuando me di cuenta de que, si no encontraban pronto una puerta libre, jamás podrían regresar a su lugar de origen y mis personajes estarían perdidos para siempre. No podía, sin más, darle a uno de ellos poderes mágicos para regresar. No podía hacer que un personaje fuese a buscarlos si nadie sabía lo que habían hecho. El lector hubiese sospechado.

De modo que tenemos, por ahora, dos posibilidades a la hora de crear un mundo mágico: erigirlo a partir de la realidad o situarlo en paralelo al mundo real. Pero no son las únicas formas. Podríamos hablar ahora de la creación pura de un mundo distinto, como hizo Tolkien con El Señor de los Anillos, o como Laura Gallego en su reciente El Bestiario de Axlin. En estos casos, el autor crea desde el principio el mundo y, en ese camino creativo, puede alejarse más o menos de la realidad conocida por el lector. Es muy habitual crear mundos épicos medievales o mundos distópicos futuristas. En el primero de los casos, asistimos en ocasiones a la creación no sólo de un escenario particular, sino también de una flora y una fauna singular, incluso de razas distintas a la humana –hadas, elfos, dragones, enanos, orcos…–. En estos casos, la descripción se convierte en la gran aliada del escritor, que debe guiar la mirada del lector para que pueda construir por sí mismo todo ese escenario distinto que el autor ha ideado. Para ello, en ocasiones, los autores se apoyan en mapas, diagramas o ilustraciones que ayuden al lector. Son herramientas que pueden facilitar mucho la lectura y la comprensión del mundo.

ART. CREACIÓN DE MUNDOS   


como tantas veces en este espacio volvemos a decir que en el paradigma actual no tenemos manera de ASEGURAR que algo sea real, objetivo o la verdad porque todo lo humano tiene esa locura nuestra del lenguaje y la creación y eso, por lo menos a mi criterio, está buenísimo, aunque en cuanto a creencias e ideologías hay otras miradas al respecto que son por supuesto de interés y para respetar

EN LA FILOSOFÍA imaginar universos infinitos dentro de una cabeza de alfiler también nos lleva que se nos abran muchos caminos de narración y poesía

La Construcción de mundos (en inglés Worldbuilding), o mundografía, es el nombre que se le da al proceso de construcción de un mundo imaginario, comúnmente asociado con un universo de ficción.[1] Crear un mundo imaginario que cuente con cualidades coherentes tales como su propia historiageografía o ecología es una tarea crucial para muchos escritores de ciencia ficción o fantasía.[2] El proceso de construcción de mundos también suele incluir la creación de otros elementos como mapas o dibujos de su geografía, historias de fondo, flora, fauna, habitantes, tecnología, y a menudo cuando se escribe ficción especulativa, gentes o seres que pueblen el mundo creado. Esto puede incluir costumbres sociales así como lenguas inventadas para el mundo.[3][4][5][6]: 103 Los «mundos» construidos pueden llegar a abarcar planetas diferentes dispersos por el espacio exterior o pueden limitarse a una sola aldea pequeña.[6]: 104 

Antes del siglo XX, la construcción de mundos era hecha generalmente por novelistas, que podían dejar la imaginación del ambiente ficticio en parte a los lectores.[6]: 106 Actualmente, la construcción de mundos existe en novelasjuegos de rol y en medios visuales como series de televisiónpelículasvideojuegos y cómics.[7][8][9][10][11]Algunos autores de ficción sitúan múltiples obras en el mismo mundo, lo que se denomina universo de ficción.[12]Un universo de ficción con obras de múltiples autores es conocido como un universo compartido o mundo compartido.[13]

Estos mundos pueden enriquecer el trasfondo de las obras de ficción, y no es raro que los autores revisen y modifiquen sus creaciones mientras escriben el libro al que van asociados. Los mundos imaginarios pueden ser creados para disfrute personal y como ejercicio mental, o para una actividad creativa específica, como la creación de novelas, videojuegos o juegos de rol.

 

Tolkien habló sobre este proceso en su ensayo Sobre los cuentos de hadas, donde manifestó que estos «mundos secundarios» o «subcreaciones» son considerablemente diferentes al arte de la dramaturgia: «Muy poco sobre los árboles como árboles puede ponerse en una obra de teatro».[17] Este tipo de mundos se aleja del arte de la narración de historias, de los personajes y de las figuras y permite explorar el mundo en sí mismo. 

 

La consistencia del mundo y de todos sus detalles es un elemento importante de estos mundos, ya que el mundo proporciona los cimientos para la trama de toda la historia.[20] Sin embargo, según J.R.R. Tolkien, el objetivo del Construcción de mundos es que el lector o consumidor pueda sumergirse en este mundo y quede, según sus palabras, hechizado o encantado por el y la descripción de dicho mundo puede estar totalmente desconectada tanto de la historia como de la narrativa.[17]

Un mundo deshabitado puede ser útil para ciertos propósitos, especialmente en la ciencia ficción, pero la mayoría de los mundos construidos tienen una o más seres o especies pensantes. Estas especies pueden tener también culturas e idiomas construidas o inventadas por el autor.

Diseñadores en ciencia ficción dura incluso pueden crear especies de flora y fauna al final del proceso del worldbuilding, e incluso crear formas de vida que tienen la capacidad de adaptarse a situaciones científicamente novedosas.

El proceso de Construcción de mundos no siempre supone la creación de mundos enteros; algunas veces también se puede tratar simplemente de partes o zonas del mundo que puede estar ubicadas en mundos reales o ya existentes.

Los mundos o zonas creadas pueden ser tan pequeñas como una ciudad o un pueblo, como es el caso de algunas ciudades creadas por el autor Stephen King, como Castle RockDerry y Haven, que son ubicaciones donde ocurren varias de sus historias.

También puede haber zonas más amplias como continentes, como es el caso de Tamriel de la saga de videojuegos The Elder Scrolls, o Panem en la trilogía de libros de Los juegos del Hambre. Otra opción es crear una zona del mundo que convive con el mundo real, como por ejemplo el que podemos encontrar en el universo de Harry Potter de J.K. Rowling. Y por último se pueden crear mundos completos, como Arda, mundo donde se encuentra la Tierra Media y donde suceden la mayor parte de las historias de J.R. Tolkien, el mundo ficticio de Earthsea, creado por Ursula K. Le GuinArrakis, planeta en el que suceden las aventuras de Dune, los diferentes reinos del manga de Nausicaä del Valle del Viento, creado por Hayao Miyazaki, y el Mundodisco de Terry Pratchett, mundo plano sostenido por cuatro elefantes.

conclusión y propuesta:

inventar un pequeño pueblo por ejemplo en nuestro mismo distrito

o una calle que no existe

partir de allí a quien se anime a inventar un país, contar algunas características, ponerlo de escenario a una historia de amor, o de nostalgia o de suspenso

volar a una galaxia lejana y poner casonas abandonadas como las de Quequén

inventar un mundo que cabe en la cabeza de un alfiler con muchos paisajes y personajes

como en los juegos de inventar palabras inventar nombres de ciudades

y mucho más en definitiva aumentando nuestro mundo

poblándolo de otros imaginarios….


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