capítulo 4 – escritura epistolar

 



queridos participantes del taller:

Les escribo para contarles que esta vez hablaremos acercade aquel extraordinario mundo que era -y que en nosotros puede seguir siendo- el de las cartas. Desde este mediodía soleado de sábado y que anuncia tormenta para el atardecer, pienso mientras les redacto estas palabras en las tantas cartas que escribí en otras épocas. Algunas a mano, o tras a máquina. La indecisión por momentos de qué decir, qué escribir. La última duda antes de cerrar el sobre pensando en si había omitido algo o habría dicho algo de más. Y luego con algo de adrenalina y emoción el trámite de acudir a algún correo y desprenderme de ese sobre para luego esperar días o semanas su llegada, sus efectos. Hubo cartas memorables, hubo respuestas hermosas, hubo fatales cartas extraviadas. También me tocó trabajar de cartero, pero esa es otra historia. Espero sinceramente que este capítulo les suscite algo, alguna inquietud nueva por las cartas, claro que alguna nostalgia también pero que no sea triste. Nos vemos en la escuela de arte.

PD: -si fuera como antes, elegiría una estampilla con una obra de Antonio berni

con cariño

arturo

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ya se dijo en otros encuentros y reflexiones que toda escritura es un diálogo, más directo o más indirecto, muchas veces un diálogo no sabemos con quién

la historia de la escritura universal tuvo a las cartas, literatura epistolar, postales

pensadores, filósofos, científicos, teólogos, artistas que expresaron sus ideas mediante cartas

como en las cartas del nuevo testamento

cartas sobre política

cartas de amor

cartas colectivas y abiertas

además de las fatales cartas perdidas

 

las tecnologías las fueron alejando de nuestra realidad cotidiana con la llegada de internet, las redes y chat espontáneas, la inmediatez de la llegada y respuesta

pero retrocediendo un poco

La epistolografía (del griego ἐπιστολή, «carta» y γραφία, «escritura») es una actividad literaria que consiste en escribir cartas. Generalmente, se consideran de interés general, y por tanto publicables, las cartas que el propio autor juzga apropiado publicar o que, sin cumplir esa condición, sirven sin embargo para conocer mejor la biografía y la obra de algún artista o algún acontecimiento o período histórico

Por su temática y su uso del 'yo', la epístola se encuadra dentro de la escritura subjetiva, junto con la autobiografía, las confesiones, el diario, las memorias y el monólogo

 

La historia de la epistolografía comienza en la antigua Mesopotamia y Egipto. Para entender las cartas que se conservan de esta época hay que tener en cuenta que la escritura es entonces una técnica especializada al alcance de muy pocas personas. De ahí que se trate, sobre todo, de correspondencia oficial o mercantil. En Egipto, tienen especial importancia las cartas de Amarna, que recogen la correspondencia diplomática de los faraones Amenofis III y Akenatón y arrojan luz sobre las relaciones del Egipto de la época con las naciones vecinas.13

La epistolografía goza de gran consideración como género literario en el mundo grecolatino.14​Se concibe la carta como una "conversación por escrito", de estilo austero y claro.15

La composición de epístolas apócrifas y ficticias es uno de los ejercicios favoritos de rétores y sofistas.16​Así, el sofista griego Alcifrón debe su fama a sus cartas ficticias (ordenadas en cuatro series: cartas de pescadores, de labradores, de parásitos y de cortesanas). Uno de los desarrollos más interesantes del género es la epístola en verso, cultivada por Horacio y otros poetas. En sus HeroidasOvidio ofrece 21 cartas de amor, puestas en boca de personajes femeninos célebres, como SafoPenélope y Dido. Las cartas de Cicerón, sin ser la parte más importante de su obra, se consideran un testimonio de gran valor sobre la vida del autor y la cultura y manejos políticos de la Roma de su época. Destacan también las cartas del filósofo Séneca, de Plinio el Joven, de Marco Cornelio Frontón, de Quinto Aurelio Símaco y de los sofistas LucianoClaudio Eliano y Filóstrato de Atenas.

la biblia en el nuevo testamento también se redacta en forma de cartas

La epistolografía sigue viva en el romanticismo, con creaciones como Cartas desde mi celda y Cartas literarias a una mujer, del poeta español Gustavo Adolfo Bécquer. Se publican también en este período novelas epistolares célebres, como Las cuitas del joven Werther de GoetheFrankenstein o el moderno Prometeo de Mary Shelley y Drácula de Bram Stoker.

Los autores realistas recurren también a la novela epistolar, que les permite ahondar en la psicología de los personajes. Un ejemplo notable es la primera parte de Pepita Jiménez, de Juan Valera.

En las cartas de Van Gogh se encuentra el juicio del pintor sobre la pintura, sobre el papel del artista en el mundo moderno, sobre los cuadros que estudia y sobre sus dificultades e intenciones. Su epistolario supone una fuente histórico-artística privilegiada para el conocimiento de su obra y biografía.

Un fragmento de carta de Van Gogh del libro publicado como "Últimas cartas desde la locura"


Mi querido Théo:
En fin, te envío un pequeño croquis para darte
una idea aproximada del giro que toma el trabajo.
Porque hoy me he vuelto a poner a la tarea. Tengo
los ojos fatigados todavía; pero en fin, tenía una
idea en la cabeza y éste es el croquis. Siempre tela de
30. Esta vez es simplemente mi dormitorio; sólo
que el color debe predominar aquí, dando con su
simplificación un estilo más grande a las cosas para
llegar a sugerir el reposo o el sueño en general. En
fin, con la vista del cuadro debe descansar la cabeza
o más bien la imaginación.
Las paredes son de un violeta pálido. El suelo es
a cuadros rojos.
La madera del lecho y las sillas son de un
amarillo de mantequilla fresca; la sábana y las
almohadas, limón verde muy claro.
La colcha, rojo escarlata. La ventana, verde.
El lavabo, anaranjado; la cubeta, azul.
Las puertas, lilas.
Y eso es todo -nada más en ese cuarto con los
postigos cerrados.
Lo cuadrado de los muebles debe insistir en la
expresión del reposo inquebrantable.
Los retratos en la pared, un espejo, una botella y
algunos vestidos.
El marco -como no hay blanco en el cuadro -
será blanco.
Esto, para tomarme el desquite del reposo
forzado1 a que me he visto obligado.
Trabajaré aún todo el día de mañana; pero ya
ves qué simple es la concepción. Las sombras y las
sombras proyectadas están suprimidas; ha sido
coloreado con tintes planos y francos como los
crespones. Esto va a contrastar con, por ejemplo,
La diligencia de Tarascón y el Café nocturno.
1 Vincent tenía la vista muy cansada debido a una serie de croquis que
Había tomado de la diligencia de Tarascón.

No te escribo más porque voy a comenzar
mañana muy temprano, con la fresca luz del
amanecer, para acabar mi tela.
No te olvides de darme noticias de cómo van
los colores.
Espero que me escribirás uno de estos días.
La próxima vez te haré un croquis de otras
piezas.
Un apretón de mano

CARTAS VAN G COMPL  


otras cartas son conservadas en archivos históricos como en nuestra Biblioteca Nacional

 

CARTAS DE LA DICTADURA: PUEDEN VISITAR EL ARCHIVO EN ESTE LINK:

CARTAS DICTADURA


Agustina María Muñiz Paz fue una muy joven poeta desaparecida de quien nos queda esta carta a su madre, de cuando se va a vivir sola:

Querida mamá:

Quiero que sepas por qué me fui a vivir sola. Necesito decírtelo porque yo soy muy torpe para demostrar mis sentimientos, mi cariño; a veces no lo hago, por no sentirme débil, necesitada.

Me fui de casa porque quiero aprender a luchar con mis propias fuerzas. Es imprescindible que aprenda, mamá. De todas maneras, no es definitivo, creo que hay que dar tiempo a la decisión; mientras tanto no quiero que te sientas sola, sino como si estuvieras en mi cuarto un poco más lejos, nos vamos a ver igual que antes o en realidad más.

Mamá, por favor no te sientas sola, sos la persona que más quiero en el mundo, nunca nos desilusionaste, fuiste la mejor madre, quizás demasiado buena y algo fantasiosa para este duro y difícil mundo, pero cambiaste mucho y aprendiste mucho y me enseñaste a luchar siempre por lo que quiero, cueste lo que cueste.

Nunca voy a dejar de necesitarte aunque tenga cien años. No te olvides nunca la frase que le dijo Goldmundo a Narciso antes de morir, después de haber vivido una vida intensa como una luz: “¿Cómo podrás morirte un día, Narciso, si no tenés madre? Sin madre no es posible amar, sin madre no es posible morir”.

Querida mamá, si pudiera escribir las cosas que nunca se escriben, esta sería una carta muy rara, pero sé que vos entendés igual si solo te digo: mis palabras más silenciosas, y un mundo de verdad para vos de tu hija.

 

 

 

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tomado de por ahí:

Escribir cartas es un arte que se está perdiendo, una habilidad de antaño. El fluir de la pluma plasmando con gracia tus pensamientos para otra persona… Solo pensarlo me pone la piel de gallina. Sé que es una locura pensar en escribir cartas en este mundo obsesionado con los mensajes de texto, donde la capacidad de atención es de apenas cinco minutos. Pero ¡cómo las echo de menos! Incluso las notitas que mis amigas y yo solíamos escribir en clase, envolver y pasarnos por los pasillos. Eran tesoros preciosos, ¡y tenemos que revivir el arte perdido de escribir cartas!

Las cartas solían ser un medio fundamental de comunicación. Servían para enviar noticias, mantener conectados a amantes separados por la guerra, compartir algún chisme jugoso en los pasillos (no es que lo apruebe) o para hacer amigos al otro lado del mundo. Las cartas registraban nuestros pensamientos, nuestra historia. Conservo unas cartas preciosas que mi abuelo le escribió a mi abuela durante la Segunda Guerra Mundial. Son algunas de mis posesiones más preciadas; llenas de amor, sentimiento, noticias y con una caligrafía de las más bellas que jamás haya visto.

¿Dónde se encuentran estos espléndidos tesoros en el siglo XXI? ¿Acaso todavía tienen cabida en nuestro mundo obsesionado con el texto, donde ni siquiera nos molestamos en escribir palabras completas, usar la gramática o la puntuación correctas? Creo que sí, ¡pero debemos darle un nuevo impulso a este arte!

5 razones para recuperar la escritura de cartas

1.       La escritura a mano es personal.
No hay nada como el toque personal de una carta escrita a mano. El papel impregnado con la tinta de la pluma de alguien; y la letra inconfundiblemente suya. Esta caligrafía requiere esfuerzo, práctica (o falta de ella); no es una fuente descargada de una página web. No hay nada tan personal como la letra de alguien.

2.     Escribir cartas requiere tiempo y reflexión.
Un mensaje de texto o un correo electrónico no suelen estar bien pensados; son simplemente una forma práctica de enviar algunas ideas o una lista. Pero escribir cartas requiere tiempo, esfuerzo y reflexión. Una página llena de nuestros pensamientos, amor y noticias. Seamos sinceros, escribir a mano una página de palabras requiere más tiempo y energía que teclear rápidamente unas pocas líneas de texto o correo electrónico.

3.    Vale la pena guardarlas; no se borran fácilmente.
Solemos guardar las cartas. Todavía conservo algunas de la secundaria en mi caja de recuerdos. Tengo una carta que me escribió mi abuela poco después de casarme, con recetas y consejos matrimoniales. Las cartas no se pueden borrar así como así. Se guardan en cajones, archivadores y cajas para disfrutarlas más adelante.

4.     La simple alegría de recibir algo en el buzón además de facturas.
No sé ustedes, pero yo solía emocionarme al revisar el correo. Eso terminó hace años cuando mi buzón se convirtió en un buzón de facturas. ¡Pero qué alegría cuando recibo una nota o tarjeta escrita a mano! No hay nada como entrar con ese sobrecito, abrirlo y disfrutar del regalo que contiene… de verdad.

5.    Nos sobreviven.
Mucho después de que nos hayamos ido, a nadie le importarán los millones de mensajes que hayamos enviado. Pero una carta perdura. Incluso puede transmitirse a las generaciones futuras. ¿Se te ocurre algún correo electrónico que valga la pena imprimir y guardar? ¡Las cartas son un legado!

Compra artículos de papelería bonitos.

Busca algo que te represente y considera personalizarlo. Así, usarás con más frecuencia algo que te guste y quien lo reciba quedará encantado con esos pequeños detalles.

Ten siempre a mano buenos bolígrafos

. Un buen bolígrafo es importante. No digo que tengas que comprar uno de 50 dólares, pero en lugar de comprar un paquete de bolígrafos de un dólar, elige uno que tenga una buena escritura. Elige uno que sea cómodo de sostener y cuyo color sea agradable a la vista.

Comprométete a dedicar tiempo a escribir.

Reserva un rato cada semana para sentarte y escribir esas cartas. ¡Haz un hueco en tu agenda o puede que nunca lo hagas!

Envía tus cartas con un sobre de respuesta franqueado. ¿

Quieres tener más posibilidades de recibir una respuesta? Envía un sobre de respuesta con tu dirección completa y ¡ponle un sello! Esto no solo comunica que deseas y esperas una respuesta, sino que también les da menos excusas…

Encuentra un amigo por correspondencia apasionado por las cartas.

Si todo lo demás falla, busca a alguien a quien le guste escribir y recibir cartas. Puede ser un familiar, un amigo o puedes unirte a un servicio de intercambio de cartas ( consulta esta lista ).

 

páginas para encontrar amigos por carta:

AMIGOS POR CARTA


Con las cartas es distinto. Si bien suponen ausencia, también implican añoranza y anhelo de respuesta, una distancia que no cesa pero que se desvanece con la palabra, una paciencia dominada o una angustia que surge de un no saber cuándo llegará a mi puerta una carta. A mi parecer estas emociones se inscriben en un horizonte de paciencia, permanencia y lentitud. Por ello, aunque se trate de un lenguaje perdido, las cartas logran unirnos porque constituyen un espacio y un tiempo mediados por el presente en que son escritas y por un cuerpo que sujeta la pluma y se anima a escribir palabras que emanan de él. Permiten esa especie de distancia atravesada por un tiempo que corre de manera pausada y elocuente, y a su vez, la vivencia total de la escritura, de la palabra compartida, de la correspondencia entre dos otros. No puedo imaginarme cuánto tiempo tenían que esperar las personas para que llegara una carta de la guerra o del otro lado del mundo, pero daba un sentido de realidad más concreto: la espera permite la ilusión, o la esperanza; da un espacio y un tiempo para que la palabra se perfeccione. Por eso, las cartas suponían una unión más consciente: daban paso a la elaboración de algunas ideas o emociones, pero también, a la hora de escribir, propiciaban la impulsividad con la que se estorbaban unas palabras con otras por la urgencia de escribir. Ambas acciones requieren cercanía con el otro, pero también con uno mismo. Tanto la impulsividad como la elaboración de las palabras y sentimientos escritos en una carta conllevan un ejercicio constante en que yo me conecto conmigo y con el otro. 

Por lo común, la labor de acercarnos a nuestros adentros y comprenderlos supone una empresa inoportuna para la inmediatez en la que vivimos. Toma mucho tiempo. Las cartas, por el contrario, nos obligan a permanecer en contacto con nuestro yo menos inmediato, nos comprometen a detenernos en el papel para escudriñar no sólo nuestros recovecos más oscuros y extraños, sino también para compartirlos con alguien, dejándonos desnudos en los renglones de nuestra escritura. 

Por lo mismo, la correspondencia es también aceptar la otredad. Admitirla en la propia casa. No sólo su expresión en la escritura, sino también la forma de sus letras, la manera en que escribe las fechas y se despide, el tiempo que tarda en responder y el modo con el que cuenta sus experiencias más superficiales o sus anhelos más profundos. Dicho de otro modo, esperar el nombre del otro es esperar también la forma de sus palabras: la prisa que volvió su escritura ilegible, muy espaciada o las letras demasiado grandes y los párrafos inconexos, o la emoción que, al hacerlo llorar, hizo que la tinta se corriera.

 Finalmente, creo que las cartas son garantía de misterio y búsqueda. Además de fundar una comunicación sustentada en no saber quién es realmente la otra persona y qué hace, promueven una curiosidad constante por todo aquello que nos es desconocido. La epístola es revelación, es descubrimiento, búsqueda, pero también abandono, ausencia, desolación y despedida. Todas acciones profundas que escapan a la superficialidad que funda nuestras relaciones y nos escinden radicalmente. Hoy, todo se sabe o puede saberse. 

dice Alejandra Correa:

La carta es en sí una caja de resonancia de un ‘yo’ en el ‘otro’, tanto para quien la escribe como para quien la recibe. Hay algo que podríamos llamar ‘anhelo del otro’: al escribir pensamos, delineamos, nos acercamos a esa otredad para acercarla, pedirle que nos escuche, nos entienda, nos contenga, nos ame. La carta es un pedido y una donación a la vez.».

La epístola es el recordatorio de que no olvidemos ser humanos en un mundo fundado cada vez más en la negación de todo cuanto nos define. 

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UNO DE LOS LIBROS MÁS hermosos de cartas reales es Cartas a Clara, del escritor Juan Rulfo a su mujer durante años, aquí un fragmento:

Carta XII

Méx. a fines de febrero de 1947

Mayecita:

Ellos no pueden ver el cielo. Viven sumidos en la sombra; hecha más oscura por el humo. Viven ennegrecidos durante ocho horas por el día o por la noche, constantemente como si no existiera el sol ni nubes en el cielo para que ellos las vean, ni aire limpio para que ellos lo sientan. Siempre así e incansablemente, como si sólo hasta el día de su muerte pensarán descansar.

Te estoy platicando lo que pasa con los obreros de esta fábrica, llena de humo y de olor a hule crudo. Y quieren todavía que unos los vigile, como si fuera poca la vigilancia en los tienen unas máquinas que no conocen la paz de la respiración. Por eso creo que no resistiré mucho tiempo a ser esa especie de capataz que quieren que yo sea. Y sólo el pensamiento de trabajar así me pone triste y amargado. Y sólo el pensamiento de que tú existes me quita esa tristeza y esa fea amargura.

Ahora estoy creyendo que mi corazón es un pequeño globo inflado de orgullo y que es fácil que se desinfle, viendo aquí cosas que no calculaba que existieran. Quizá no te lo pueda explicar, pero más o menos se trata de que aquí en este mundo extraño el hombre es una máquina y la máquina está considerada como hombre.

Espero que me regañes por escribirte quejidos en lugar de hablarte del amorque te tengo, pero es que la forma como me siento tenía que decírsela a alguien. Y tú naciste para que yo me confesara contigo. Quizá más tarde te cuente hasta mis pecados.

Ojalá estés bien y tan bonita como ninguna (iba a decir: como siempre, pero me acordé de que a veces te pones fea, por ejemplo cuando me regañas). Y que todos en tu casa etc., etc.

Tú cariñito santo, recibe todo el amor del que mucho te quiere y del que espera quererte más, y un abrazo enorme y lleno de ternura y muchos besos, muchos de quien te amará siempre.

Juan

P.D. Esta carta no te la iba a mandar por lo triste que está. Pero debido a que otras dos que había hecho también eran igual de tristes, opté, para no tardar más en escribirte, por enviártela tal como estaba. Te recomiendo no me hagas mucho caso, pues soy muy amante de quejarme.

LINK MÁS CARTAS A CLARA

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tambiés recordemos nuevamente además de nuestras cartas reales  en la ficción es una estructura muy atrayente para contar historias, las cartas y las respuestas, tenemos este ejemplo breve de Luis Pescetti:

Correspondencia

(Del libro El pulpo está crudo)
Querida sobrina:
Espero que al recibir ésta te encuentres bien. Yo estoy ma-ra-vi-llo-sa. Siempre me acuerdo tanto de todos ustedes, y el otro día me dije: ‘‘¡Ay! Qué vergüenza, qué abandonada que la tengo a esta chica’’. Así que me decidí y me voy a pasar un mes con ustedes.
Tu Tía.


Querida tía:
¡Qué alegría recibir su carta! Realmente no esperábamos que se acordara de nosotros; pero, ¡qué pena! Mi casa es muy chica y no podría ofrecerle las comodidades que quisiera. No sabe cuánto lo lamento, pero seguro que no va a faltar oportunidad. Un beso grande de su sobrina que tanto la quiere.
Su sobrina.


Querida sobrina:
¡Mi amor! Criatura, ¿por qué te ponés en esas molestias? Me escribís como si te fuera a visitar un presidente. No te preocupes por mí, yo en cualquier lugarcito me arreglo. Me pueden dar la cama matrimonial y ustedes se acomodan por ahí, que son jóvenes, no como una. Estuve pensando que me puedo quedar más de un mes.
Tu tía.


Querida tía:
¡Qué suerte que se puede quedar más de un mes! Cuando se lo conté a mi marido se puso loco de contento; pero enseguida nos amragamos porque nos dimos cuenta de que en la fecha en que usted puede venir nosotros no estamos. ¡No sabe cuánto lo sentimos! Pero seguro que no va a faltar oportunidad para que venga a pasar dos o tres días.
Su sobrina.


Querida sobrina:
¡Qué cabecitas de novios que tienen ustedes dos! Si todavía no te había dicho la fecha, mi amor. No se hagan tanto problema. Yo voy a llegar el 12 de mayo y ya saqué regreso para el 10 de julio. Tuve mucha suerte porque casi no consigo.
Tu tía.


Querida tía:
La verdad, qué suerte que tuvo en conseguir los pasajes. Pero mire, con Carlos estábamos comentando lo que son las cosas ¡Ni que hubiéramos sabido! Ésa es la fecha justa que le decía que no íbamos a estar. Yo me puse muy mal, pero Carlos me dice que no me preocupe que seguro no va a faltar oportunidad para que venga un día.
Su sobrina que tanto la adora.


Querida sobrina:
¡Ay, mi amor, pero no importa! Si total yo puedo correr las fechas, total con estos pasajes no hay problema; además con las ganas que tengo de conocer a tus últimos tres nenes que todavía no los conozco. Son unos vagos, ustedes, la última vez que me invitaron fue para cuando nació Fabiancito, ¿te acordás? Mandáme a decir las fechas nomás.
Tu tía.


Querida tía:
Sí, me acuerdo que usted estuvo para cuando nació Fabián, porque cuando vino a visitarnos yo todavía no estaba embarazada. En cuanto a su viaje, parece cosa del destino, a Carlos en el trabajo lo trasladan a un lugar lejísimo que todavía no sabemos. Nos van a decir cuál es recién cuando lleguemos. ¡Es una pena! Pero igual no se preocupe porque ni bien nos instalemos le escribo mandándole nuestra nueva dirección así se pasa a tomar un rico té alguna tarde. Seguro que no va a faltar la oportunidad.
Su sobrina.

 

desde luego las cartas también las puede escribir la IA, podemos experimentar y pedirle que lo haga…

si volvemos a escribir cartas allí en esas líneas surgirán también poemas, historias, ideas, el acto de compartir, un te muestro lo que escribí ayer

entortugar el tiempo, escapar de un salto de la inmediatez del mensajito y adentrarse en un decir más largo, sufrir y disfrutar la espera, escribir como ya fue dicho como dar un regalo de palabras

acaso cartas que se guardaron y se guardarán para siempre en nuestras cajas personales, más allá de las casillas eléctricas atestadas de propagandas y de palabras de enviamos en micro mensajes que duran el soplo y se disuelven en el olvido

para terminar el poema de Federico García Lorca en el que le pide a su amada que le escriba:

El poeta pide a su amor que le escriba

 

Amor de mis entrañas, viva muerte,
en vano espero tu palabra escrita
y pienso, con la flor que se marchita,
que si vivo sin mí quiero perderte.

El aire es inmortal. La piedra inerte
ni conoce la sombra ni la evita.
Corazón interior no necesita
la miel helada que la luna vierte.

Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas,
tigre y paloma, sobre tu cintura
en duelo de mordiscos y azucenas.

Llena pues de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena
noche del alma para siempre oscura.

 

 


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