capítulo 22 - el final del texto

 





y bueno al terminar el año, y algo paradójicamente en un espacio de taller  que tiene un “no cierre” -no tiene las formalidades pedagógicas de un curso, no hay evaluación, no se pasa de año, etc.-

pensamos en estO último encuentro en cómo se cierra un texto en varios sentidos

en el sentido de cómo encontramos ese final que cierra el circulo de significado (incluso en una frase que puede invertir el sentido de todo lo anterior)

en el sentido como veremos de la musicalidad y encontrar en palabras esa melodía de finalización que puede ser una cadencia que se va deshaciendo o u acorde fuerte y abrupto

en otro sentido en cómo cerramos el texto y dejamos de escribirlo: lo soltamos como terminado para que haga su recorrido en las lecturas de otros (este último paso para muchas personas es tortuoso, la sensación de que todavía lo puedo corregir un poco más antes de darlo…)

en narrativa: decidirse por un final u otro, decidir si queda claro y contundente (por ejemplo que el asesino era el mayordomo) o abierto a la interpretación

*ejemplo Las puertas del cielo de Cortázar

en poesía si ese último verso cierra una música o la deja abierta, si dice allí su significado más importante o cambia todo el sentido anterior

y en el sentido existencial la mágica incertidumbre como cuando hemos empezado un amor y o bien pensamos que no tendría final o imaginamos con sufrimiento finales posibles

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el tiro del final te va a salir

hay una fuerza extraña muchas veces en el último verso de un poema, la última frase de un relato

puede ser que el autor lo haya buscado o que sale como un efecto “natural” del cuerpo anterior

cuando en otros capítulos reflexionamos acerca del ritmo y la musicalidad también econtramos una relación con ese cierre que a veces es musical es una especie de “chan… chán!” como de una canción

con el agregado de que ese cierre musical coincide con una vuelta de tuerca en el sentido y el significado

pensemos en este ejemplo de Quevedo:

 

AMOR CONSTANTE MÁS ALLÁ DE LA MUERTE


Cerrar podrá mis ojos la postrera

sombra que me llevare el blanco día,

y podrá desatar esta alma mía,

hora a su afán ansioso lisonjera;

mas no, de esotra parte en la ribera,

dejará la memoria, en donde ardía:

nadar sabe mi llama la agua fría,

y perder el respeto a ley severa.

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,

venas que humor a tanto fuego han dado,

medulas que han gloriosamente ardido,

su cuerpo dejará, no su cuidado;

serán ceniza mas tendrá sentido;

polvo serán, mas polvo enamorado.

 

fijarse en la fuerza  de ese último verso en los dos planos: el musical y el de darle un sentido trascendente –y casi hacer una síntesis- de todo el texto

 

en la poesía y el formato poema encontramos ese artefacto cerrado y conciso (que de muchas maneras también puede romperse) donde el último verso es una especie de tác

llave de cierre, conclusión, después de allí sigue el silencio pero no un silencio vacío sino ese silencio que el lector experimenta en el efecto que deja su lectura

si ensayamos una clasifiación rápida y simple el poema puede tener uno de esos versos que cierra contundente o puede ser una respiración abierta, una simple interrupción o hasta dejar a propósito para inquietar al lector un sabor de inconcluso

En nuestras estructuras mentales cognitivas tendemos a buscar el cierre en la forma

se me vienen muchos poemas por sus finales, uno de mis favoritos es de Hermann Hesse

Así está nuestro corazón
lealmente entregado,
fraternalmente a lo fugaz,
la vida, lo que mana,
no a lo que, sólido, posee duración.
Pronto lo permanente nos fatiga, joyas,
roca y mundo estrellado,
a nosotros, en el eterno cambio a la deriva,
almas de viento y pompas de jabón,
al tiempo unidos, y fugaces,
a quienes el rocío de una hoja rosa,
a quienes el cortejo de unas aves,
la muerte del espejo de las nubes,
el brillo de la nieve, el arco iris,
la mariposa que voló, nosotros,
a quienes el sonido de una risa
que al pasar nos rozara
nos parece una fiesta
o nos causa dolor. Amamos todo aquello
que nos es semejante, y entendemos
lo que el viento escribe sobre la arena.


 POEMA COMPLETO


Además en este caso el título del poema es Lo escrito en la arena, lo que da una circularidad en el hecho de que el último verso remita al título

otro es este soneto de Leopoldo Marechal

Del amor navegante

Leopoldo Marechal

 

Porque no está el Amado en el Amante

Ni el Amante reposa en el Amado,

Tiende Amor su velamen castigado

Y afronta el ceño de la mar tonante.

 

Llora el Amor en su navío errante

Y a la tormenta libra su cuidado,

Porque son dos: Amante desterrado

Y Amado con perfil de navegante.

 

Si fuesen uno, Amor, no existiría

Ni llanto ni bajel ni lejanía,

Sino la beatitud de la azucena.

 

¡Oh amor sin remo, en la Unidad gozosa!

¡Oh círculo apretado de la rosa!

Con el número Dos nace la pena.

En la moneda de hierro de Borges que citamos hace poco sucede parecido:

Dios es el inasible centro de la sortija.
No exalta ni condena. Obra mejor: olvida.
Maculado de infamia ¿por qué no han de quererte?
En la sombra del otro buscamos nuestra sombra;
en el cristal del otro, nuestro cristal recíproco.

 

con respecto a los procedimientos para dar con ese último verso personalmente creo que en el juego del poema se da algo que es más intuitivo que racional, en algún punto ese último verso ya estaba cuando empezamos a plasmar la primar palabra

claro que se puede también buscar, experimentar, corregir si el efecto final no nos convence pero aún ese “convencimiento” en la corrección es muy personal y en algún punto intuitivo, ligado a la propia historia de escritura

muchas veces cuando nos embarcamos en cierta poesía que fluye, como vimos en modos surrealistas de dejarse llevar, no podemos imaginar cuándo ni cuál será ese último verso que a veces, por experiencia propia, se presenta como por arte de magia y te dice acá estoy, acá va el punto y después nada

en cuento a la narrativa la frase  final puede dar un cierre “dorado” a la historia, consumar un relato e incluso cambiarle todo el sentido

en El nombre de la rosa de Umberto Eco es la frase final la que da sentido al título:

"stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus" significa "la rosa primigenia existe en el nombre; poseemos solo nombres desnudos".

que remite precisamente al verso de Borges en El golem

el nombre es arquetipo de la cosa
en las letras de 'rosa' está la rosa

 

 

uno de los finales memorables es el de Don Segundo Sombra:

Centrando mi voluntad en la ejecución de los pequeños hechos, di vuelta mi caballo y, lentamente, me fui para las casas.

Me fui, como quien se desangra

Son finales que quedan en la memoria. Esos libros que uno lamenta que se hayan terminado.

Una novela de Sartre, El aplazamiento (de Los caminos de la libertad):

Deladier, Édouard Deladier, del partido radical socialista, ministro y jefe del gobierno francés en aquel momento, dijo entre dientes “¡’Qué imbéciles!”.

Por otra parte TENER FINAL  es algo que diferencia a la vida humana nuestra de los libros y las películas y demás. Claro que tenemos final pero es incierto no suele ser con la estructura de un relato, por más que podamos tener la fantasía de tener preparadas nuestras “ultimas palabras”

En el siguiente artículo encontré reflexiones interesantes:

Patricia Somoza en el Diccionario de la novela de Macedonio Fernández: “El problema del final ha sido básico para la conformación de la teoría de la novela. Desde allí define Lukács la historia del género: el final, responsable del sentido, es también fundamento de la forma. A Bajtín, en cambio, el final le permite diferenciar la novela de la épica: mientras que la épica puede acabar de manera arbitraria por representar un pasado clausurado, en la novela el final se constituye en problema; el interés por saber qué va a pasar y cómo va a concluir todo es característico de este género, que abreva en lo inacabado del presente y especula con el no saber. Macedonio participa, a su modo, de este debate: durante cuarenta años escribe una  novela interminable, infinita, inconclusa, mal terminada o ‘sin final’; y, por eso, antinovelística. En Museo de la Novela de la Eterna todo está contado para que nadie espere el final. Allí no hay sorpresas, el sentido no se cierra al terminar. El lector no tiene expectativa del desenlace, sólo espera continuar con la lectura, y que el final, esa muerte simulada, no llegue nunca. Macedonio le ofrece un relato en presente, un tiempo no narrativo, el tiempo de la escritura que es pura duración”. Maravillosa ambigüedad del lenguaje: “todo está contado para que nadie espere el final”. Es el famoso “no esperaba que terminara así…”. Pero acá está dicho en otro sentido, claro: no esperar el final porque no tiene importancia; renunciar al sentido dado por el cierre, por las últimas palabras, por las últimas acciones. Como en el final kafkiano por excelencia, la resolución puede tomar la forma de una postergación eterna o infinita. Y eso, también, es un final.

Cuando al punto final de los finales

Pablo De Santis, además de ser autor de un bello texto sobre los comienzos titulado “Todo comienzo esconde un arte”, escribió una novela magnífica que es a la vez un gran tratado ficcional sobre la finalización, sobre las conclusiones: El buscador de finales –con el inolvidable Míster Chan-Chan–. Allí escribía: “Había que aceptar los finales, como se aceptaban los principios”. Y uno de los personajes decía: “Es que el final lo es todo”, y señalaba un cartel (o cartel-poema) que había en la redacción en la que trabajaba, que rezaba:

EL FINAL, AMIGO, ¿LO VES?

ES LO QUE VIENE DESPUÉS

DEL HABÍA UNA VEZ

A mí me gustan los finales cerrados, y la pregunta que cabría hacerse es: ¿a quién no? (Ya sé que hay muchos a los que no les  gustan, era un chiste). Pero que no parezca, por favor, que estoy despotricando contra el policial ni contra ninguna otra forma de “suspenso” o de relato, cualquiera que sea, que construye su trama apuntando al desenlace. 

ARTÍCULO COMPLETO

Arthur Conan Doyle intentó que Sherlock Holmes tuviese un final pero sus lectores no se lo permitieron:

Su gran enemigo, también de extraordinarias facultades intelectuales, es el profesor Moriarty, quien llegó a acabar aparentemente con la vida del eminente detective en la cascada de ReichenbachSuiza (El problema final). Doyle tuvo que optar por resucitar a su héroe cuando miles de lectores protestaron llevando crespones negros en el sombrero en señal de luto. Sherlock Holmes reaparece en el caso La casa vacía (El regreso de Sherlock Holmes, 1903) explicando los motivos de su ausencia.

 

Y otras de nuestras fantasías es “cambiar el final” ya sea de la vida o de una película o serie o relato.

Gianni Rodari tiene uno de sus clásicos para niños “Cuentos para jugar” en el que cada cuento tiene tres finales posibles para que el lector elija el que más le gusta. Recién al final del libro el autor refiere cuáles son los finales que a él le gustan.

ahora revelar un final se le dice spoilear:

Este viene del latín spoliare (despojar, desnudar, arrebatar) a partir del sustantivo spolium (en origen, piel o pellejo de un animal de la que se tira desprendiéndola para pelarlo). De ahí derivamos las palabras expolio y despojar. Se asocia a una raíz indoeuropea *spel- (rajar, desprender).

Bueno ahora me cuesta llegar a la frase final de este capítulo. Como cazadores de palabras, atrapadores y atrapados por ellas, también somos y seremos buscadores de finales, estaremos inquietos hasta la llegada de ese último verso, de esa especie de revelación que nos permite asentar ese pequeñito pero poderoso último punto de tinta y descansar.

 


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